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La ganadería de insectos emerge en el país de las vacas

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Foto/divulgación

El secretario general de la ONU a los universitarios “No trabajéis para los  destructores del clima” - Segirt Ultima Hora Actualidad

Un silencio abismal, luz tenue y olor a salvado de trigo reinan en esta granja del lugar de Urcela (Cristiñade, Ponteareas, sur de Pontevedra). Quizás no habría tanta quietud si los fundadores de la empresa se hubieran dedicado a la cría de pulgas de mar, como llegaron a hablar cuando tanteaban juntos posibles aventuras. Entonces, su ganado sería saltarín y no se conformaría con pasar su vida deambulando sin brújula, enredado entre congéneres, en su evolución de huevo a larva, de larva a pupa, de pupa a imago o escarabajo, dentro de una bandeja plástica de color negro.

«Como al cerdo… al tenebrio se le aprovecha todo»

«Aquí nada se desperdicia», celebra Rubén Recamán, «como al cerdo, e incluso más que al cerdo, al ‘Tenebrio molitor’ se le aprovecha todo». Desde el exoesqueleto hasta la proteína y los excrementos, todo vale. Esa, dicen los socios, era la condición más importante que se impusieron cuando buscaban un modelo de empresa: «Queríamos revitalizar el campo, y tenía que ser un tipo de negocio de economía circular, que con el tiempo será lo único viable, sostenible».

El universo de los insectos es inmenso y está sin explorar: desde su uso como alimento a sus aplicaciones en el control de plagas. «Las posibilidades son infinitas, ¡hay tan poco investigado y tanto por hacer!», exclaman. Entre las ideas que se plantearon al empezar estaba la cría de pulgas marinas (`Talitrus saltator´), que pese a su nombre no son insectos, sino crustáceos. Hace años que en Galicia salió a la luz un proyecto para elaborar con estas habitantes de la arena un paté con sabor a mar. Como si sus tenebrios fueran imponentes sementales de ganado bovino y prodigiosas vacas lecheras, el equipo de Galinsect también lleva tiempo seleccionando los ejemplares que crecen más, y más rápido, para mejorar la producción. Rubén se ríe cuando se le pregunta si sexan los escarabajos para juntar machos y hembras. “No hace falta”, responde, “porque la población se reparte de forma bastante equilibrada”. Lo que se reclama en la industria alimentaria son las larvas, más ricas en lípidos y con menos quitina que los adultos. A medida que los coleópteros van sufriendo su metamorfosis van cambiando de bandeja, y al final los escarabajos que quedan serán los padres de la siguiente generación.

Según la FAO, que ve en esta alternativa gastronómica una importante fuente de proteína para el futuro de la humanidad, en todo el mundo se consumen «más de 1.900 especies de insectos comestibles», la mayoría «recogidos del medio natural».

La cifra, dice el organismo internacional, «continúa aumentando a medida que se llevan a cabo más estudios», y entre ellos «los más consumidos son los escarabajos (coleópteros, 31%), las orugas (lepidópteros, 18%) y las abejas, avispas y hormigas (himenópteros, 14%)». A estos les siguen «los saltamontes, las langostas y los grillos (ortópteros, 13%), las cigarras, los fulgoromorfos y saltahojas, las cochinillas y las chinches (hemípteros, 10%), las termitas (isópteros, 3%), las libélulas (odonatos, 3%) y las moscas (dípteros, 2%)».

*Tomado de: https://es.segirt.com/news/la-ganaderia-de-insectos-emerge-en-el-pais-de-las-vacas.html

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