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Agricultura en Colombia, una actividad amenazada y aislada: Mejía López

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Diario La Economía

Colombia retrocedió, es un país dependiente y netamente importador de alimentos que corre el riesgo de sufrir desabastecimiento con las sabidas consecuencias. Hay que mirar al campo sin desprecio.

La situación de Colombia en materia agropecuaria no es la mejor, quizás la más precaria en décadas, y con todo lo que está pasando puede traerse a colación el viejo dicho, “tras de cotudo y con paperas”. No es para menos, pues a la tragedia del Covid-19 se añaden la crisis global logística y ahora la guerra entre Rusia y Ucrania, dos jugadores importantes en el entorno de los cereales y las oleaginosas.

Los expertos encienden las alarmas en materia alimentaria, porque la carestía atribuida a los agudos incidentes de transporte marítimo, navieras y contenedores, se puede hacer más profunda y recalar en un grave lío de suministro. Hoy los colombianos expresan su preocupación, la agricultura sigue de capa caída y no hay un doliente que le ponga el pecho al problema con diversas fórmulas, planteamientos o propuestas que le den de nuevo derrotero a la economía rural.

Muchos han defendido el modelo económico, vieron bondades en las tesis neoliberales, que algo bueno deben tener, el asunto pasa si en Colombia el tratado aperturista del estadounidense Milton Friedman o del otro patricio de la idea, el austriaco Friedrich von Hayek, estuvieron bien concebidas, si se le fue la mano a los gobiernos que le dieron su bendición al modelo, o si el esquema productivo no daba para ese traje. Habrá quien sugiera mezclar algo de la demanda agregada y la tesis del economista John Maynard Keynes quien no creyó mucho en los favores del libre mercado.

Qué vaina, muchas opciones, cantidad de alternativas y el país en el piso. Cada vez más pobre, endeudado, con menos activos, sin agro, por fuera de las oportunidades laborales, carente de empresas y con un enorme camposanto para las pymes, en fin, urgidos de soluciones, todo, explorando en medio del caos, escenario de las verdaderas chances.

Las complicaciones son innumerables al igual que las causas, la agricultura ha sido sometida a todo tipo de vejámenes y por eso hay esperanza por una verdadera panacea, por una política agraria que devuelva la gente a la labranza, anhelando el terruño sobre bases de agricultura rentable, dignidad y alejados del mundo dipsómano al que los llevó el asistencialismo malsano, verbigracia, Familias en Acción y otros extractores de la mano de obra.

En plática con Diariolaeconomia.com, el expresidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, Rafael Mejía López, aseguró que para empezar está el caso de Monómeros Colombo-venezolanos, que fue vendida en el gobierno del Presidente Álvaro Uribe Vélez, contra la tenaz oposición de gremios de reconocida importancia, la Asociación Nacional de Industriales, ANDI, en el mandato de Luis Carlos Villegas y la misma SAC liderada por el prestante invitado.

Inclusive lo dice en una editorial titulada “El Pecado Original”, el exministro y consultor Amylkar Acosta: En efecto, estábamos en el primer cuatrienio de Álvaro Uribe Vélez y en su afán privatizador de los activos y participaciones en empresas del Estado, inspirado en el credo neoliberal, le ofreció al entonces presidente Hugo Chávez, cuando todavía la relación entre los dos países estaba en los gozosos y era su mejor amigo, que ejerciera el derecho de preferencia para la adquisición de las acciones de Ecopetrol y del IFI, a través de la estatal venezolana Pequiven, ya que era su decisión venderlas. A la sazón era presidente de Ecopetrol Isaac Yanovich y ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla. Este proceso, de traspaso de las acciones correspondientes al Estado Colombiano a manos de Venezuela, se finiquitó el 18 de abril de 2006.

En esa triste historia de Monómeros hubo en medio del bloqueo diplomático a Venezuela los manejos del autoproclamado Presidente Juan Guaidó, quién no dejó una buena imagen en su gestión en la compañía y hasta los avales del entonces Presidente de Estados Unidos Donald Trump.

Según Mejía López, con la venta de Monómeros y la poca gestión para salvarla en los gobiernos posteriores, el país perdió la oportunidad de contar con una empresa que garantizaba el suministro de fertilizantes, sin contar otros productos de portafolio como caprolactama, sulfato de socio, ácido sulfúrico, carbonato de sodio, yeso y concentrados para la dieta animal.

La clave en ese entonces no era vender la participación colombiana sino comprarle a Venezuela y asegurar, aparte de insumos, una empresa que bien administrada dejaba muy buenas utilidades, a tal punto que estuvo dentro de las cinco compañías con mejores resultados comerciales y administrativos.

Una cartera sin musculatura

La crisis del campo, indicó el también expresidente de la Bolsa Mercantil de Colombia y el Consejo Gremial Nacional, parte del mismo entorno actual o el debilitamiento del ministerio de Agricultura y la ruptura de las cadenas productivas, lo cual conllevó a que el jefe de esa cartera se haya quedado aislado del resto de ministerios y de la economía en general.

Precisó que los ministerios que pudieron darle soporte, como Transporte, Medio Ambiente, Defensa, Salud y Educación en las áreas rurales, se fueron apartando de lo que es la agricultura en Colombia, una actividad totalmente abandonada, una situación delicada que empezó a mostrar unos indicadores preocupantes hace unos quince años, cuando crecieron las exportaciones de productos agropecuarios, pero también la importación de estos.

“La exportación ha seguido igual y hablo en toneladas, lógicamente por el incremento de la relación dólar-peso, debido a la devaluación, se generó un aumento no tan real de las exportaciones locales, caso opuesto a las importaciones que repuntaron no solamente en toneladas sino en valor. Hoy en día estamos importando más de 15 millones de toneladas de bienes agropecuarios y despachamos al exterior lo mismo que hace tres quinquenios en toneladas, lógicamente el mayor costo del dólar, consecuentemente mejoró en precio los productos enviados al mercado global”, explicó el señor Mejía López.

El conocedor afirmó que Colombia dejó de producir trigo, cebada, maíz, frijol, sorgo, maní, soya, ajonjolí, cítricos, níspero, chirimoya, anón, badea, granadilla de quijo, papayuela, guama, cubios, ollucos, granada, pomarrosa, granada, pepino de agua y muchos otros alimentos que hoy el país importa a mayor precio por la devaluación del dólar.

Aclaró que independiente de la comida adquirida a más alto valor, igual se encareció el producir víveres para el resto de la economía agropecuaria. Determinó que Colombia tiene una cantidad de problemas que finalmente se reducen a una sola palabra, rentabilidad.

Dijo que existe en el común de la gente la creencia que como la carne y la leche están más caras, el ganadero está lleno de plata, lo propio con otros alimentos como frutas, hortalizas y papa, todo sin el pleno conocimiento que esos mayores valores no le llegan directamente al agricultor, toda vez que en las cadenas productivas, la utilidad se va quedando en el camino y el labriego tan solo asume mayores costos, no solo en semillas, abonos e insumos varios, sino en maquinaria agrícola, transporte y salarios, prácticamente un ajuste al alza de todo y al productor, puntualizó Mejía López, no se le ha trasladado el precio proporcionalmente al consumidor final.

Anotó que, a la fecha, expandir o aumentar la producción agropecuaria no es atractivo ni rentable. Explicó que el provecho al agricultor se mide de manera sencilla, ya que se toma la inflación de alimentos versus la curva de incrementos entre el agricultor y el comercializador, lo que arroja que este último se queda con todo, puesto que el índice de precios al agricultor no sube en esas generosas proporciones.

Para colmo de males llegan situaciones como Covid-19 que lógicamente afectó al campo de manera muy fuerte, encareció la mano de obra y los costos inherentes, un considerable deterioro, asunto contrario, en las estructuras de mercado y de compras de todos los consumidores colombianos que cambiaron, toda vez optaron por no salir a demandar bienes y eligieron pedir el universo de productos a través de las distintas plataformas debido al aislamiento.

Después de ir saliendo de la enfermedad pandémica y de convivir con ella aparece la crisis global logística y la invasión de Rusia a Ucrania, un tema que algunos pensaron que no afectaba a Colombia, pero al ver la dependencia de fertilizantes, productos agropecuarios y otros suministros el tema cambió y no para mejorar, todo lo contrario, la crisis bélica en los Balcanes puso a sufrir a muchos exportadores que habían encontrado puerto para sus cosechas o elaboraciones en la tierra de los zares, por ejemplo carne, flores, banano, café tostado, cacao y otras obtenciones agrícolas, todo un perjuicio porque golpea el flujo de comercio mientras se busca uno o varios mercados sustitutos que puedan absorber la producción agropecuaria.

Los caficultores, indicó Mejía, no tienen mayor inconveniente porque el precio está ayudando y las ventas están prácticamente aseguradas, sin desconocer que hay una oferta cafetera en Rusia de valor agregado.

“El tema es que asumimos un ministerio de Agricultura que no cuenta con poder sobre el entorno para mejorar el sector agropecuario en vista que no tiene el control porque se ha estado debilitando, no con el Gobierno de turno, el anterior o los pasados, no, es un fenómeno que viene desde hace muchos años por una mala medición del producto interno bruto nacional, entre tantas cosas. Ese reflejo de más del seis por ciento en el fragmento agrícola es falso porque va solo al sector primario, dejando de lado el andamiaje agroindustrial, dándole igualmente origen a todos los problemas”, recalcó el expresidente de la SAC.

El sentir de Rafael Mejía López, es que a grandes rasgos la falta de rentabilidad en el campo, pero igual, el deterioro de la seguridad física y jurídica están generando un considerable menoscabo en la actividad agropecuaria, entre otras cosas porque los agricultores no cuentan con los elementos necesarios para producir, dicho en otras palabras, hay imposibilidad de apostar en la ruralidad con toda confianza, ya que no hay manera de atacar plagas, se adolece de infraestructura planeada como de riego mejorado, pues Colombia tiene mucha agua, pero mal concentrada, en ciertos espacios y por clima en tiempo, lo cual lleva al desperdicio. Denunció que los costos de la energía en el campo son exageradamente altos.

Deploró que el país esté mostrando un retroceso en todo lo que se ha avanzado en tecnificación por los costos de los procedimientos, maquinaria y tecnología en general, un asunto que no permite ver un panorama muy claro porque el país ya no está importando comida barata, dejando en muy mala posición a quienes dijeron que este abastecimiento sería de manera permanente.

Mejía vislumbró un futuro difícil para los colombianos en el frente agrario y recordó que cuando Rusia dejó el comunismo e intentó volver al campo, tuvo una gran dificultad pues ya no había campesinos ni gente preparada para cultivar y desarrollar la economía agropecuaria, lo que explica el por qué Rusia importa muchos alimentos, algo similar a la realidad colombiana.

La agricultura es viable revisando el modelo económico

Una salida para el campo podría venir de los ajustes o cambios al modelo económico que visiblemente fracasó en Colombia y en otras latitudes. El desgastado Consenso de Washington, aparte de la mala fama ganada en los países en vía de desarrollo, logró acopiar antipatía entre los mismos. Bajo el techo de ese modelo vino el derrumbe de la agricultura, las masivas importaciones y la destrucción del empleo, sin contar privatizaciones que algunos hoy siguen lamentando.

Reconoció que en ese sentido se han visto esfuerzos por parte del ministro de Agricultura, empero, subrayó que el funcionario no cuenta con la capacidad ni el poder para hacerlo. Dijo que para no ir tan lejos el país tuvo la experiencia de la Misión Rural que fracasó y no se implementó, simplemente por los costos que demandaba el proyecto agrario como país, no solo en producción agropecuaria sino en el universo del área campesina y productiva. En síntesis, las recomendaciones orientadas a impulsar el desarrollo rural, apuntó Mejía, quedaron archivadas y por ello Colombia es de los pocos países que no tiene una ley agrícola que cobije e incluya todo lo que los demás ministerios están obligados a hacer.

“Al ver la Ley Agrícola de Estados Unidos o el funcionamiento de la agricultura y la ganadería, la enseñanza es toda, lo propio pasa en el sur del hemisferio en países como Brasil que tiene todo un potencial en la explotación de sus suelos. En Argentina que fue un referente, todo cambió con los Kirchner y demás, el país del cono sur perdió diferentes mercados, entre ellos el de carnes hacia el mundo. Chile por lo visto va hacia una dirección bastante similar por lo observado, entonces la situación de oferta de alimentos ha tenido unos cambios significativos que invitan a la reflexión”, dijo el experto en agricultura Rafael Mejía López.

En materia de producción agrícola, ilustró el reconocido empresario, venían funcionando dos curvas, la de consumo de proteína animal y luego la referente al consumo de proteína vegetal que iba creciendo, pero la proveniente de carnes lo hacía a mayor velocidad porque el mundo estaba mostrando más y mejores ingresos. Las curvas elaboradas por la FAO o el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, demuestran que la tendencia es cierta, que todo encaja.

En condiciones normales y hasta obvias, en la producción de cerdos y carne de porcino, el criador debería sembrar maíz y soya para alimentar sus animales y vender un producto con valor agregado. El tema resulta bastante llamativo, destacó Mejía, puesto que en el entorno colombiano la agricultura empresarial se ve mal, así como la ganadería con el mismo perfil, y por eso el país sigue exportando para sobrevivir.

Colombia, acentuó, sigue vendiendo al mercado internacional ganado en pie, pero no carne despostada o los cortes preferidos en los distintos países. En cerdo hay grandes oportunidades, una de ellas Corea, en donde se consume esa proteína de manera muy diferente. Todas esas falencias hacen que el país esté muy rezagado con el agravante que no existe la infraestructura de almacenamiento eso porque en teoría no hay cuatro estaciones, de todas maneras, hay manejos en algunos granos muy diferentes, por ejemplo, el maíz que tiene la cosecha grande y la pequeña, lo mismo que con el arroz, pero no hay silos o grandes sistemas de acopio.

Sobre propuestas como el rescate del Instituto de Mercadeo Agropecuario, IDEMA, Mejía López anotó que la experiencia, siendo un modelo de absorción de cosechas que ayudó, igual fue el centro más grande de corrupción que tuvo el país, un esquema que no cabe en momentos en que se lucha contra lo espurio. Para ese fin habría que saber cómo, cuándo, dónde, a qué costo y con qué presupuesto.

Más allá de propuestas y voces políticas, Mejía expuso que el sector privado se ha alejado del campo por culpa del mismo Gobierno, un ejemplo, el desarrollo de la palma de aceite y la caña de azúcar para biodiesel y etanol, pero en aras de defender las metas de inflación le pusieron trabas al aumento en las mezclas con biocombustibles, dejando a los agricultores nacionales compitiendo con los combustibles agrícolas de Estados Unidos, básicamente provenientes del maíz, siembra altamente subsidiada en ese país.

Un asunto nada menor es que toda la maquinaria agrícola que utiliza el agro colombiano es para extensiones medianas o pequeñas, para grandes dimensiones es sumamente difícil hallar equipo, ya que los importadores no las comercializan porque saben que la agricultura colombiana no se hace a gran escala. Cada día es más complejo contar con tanques de leche medianos, combinadas o recolectoras medianas porque el mundo no los produce sino para grandes explotaciones en unos formatos impresionantes, totalmente gigantescos.

Las inversiones grandes hechas en la Altillanura terminaron paralizadas en tiempos del Presidente Juan Manuel Santos, nunca se volvieron a desarrollar y quedaron a mitad del camino. Anotó que algunas explotaciones en esa región del país fueron muy exitosas, pero igualmente desaprobadas.

“A la agricultura los peros le sobraban y le sobran, pero las empresas que tenían sus desarrollos detrás de cuatro paredes como la banca y algunas industrias no fueron sujeto de críticas porque no estaban expuestas a los ojos de las personas, lo que si pasa con el agro que lo ve quien quiera”, señaló Rafael Mejía López.

Pensar en una posibilidad tipo “milagro peruano” vital en el crecimiento de las condiciones de mercado internacional y en la provisión de materias primas esenciales para el avance de las economías capitalistas, podría ser un anhelo o un sueño, pero para el versado en agricultura, es fundamental un Senado y una Cámara de Representantes que entiendan el campo, igual un ejecutivo que fortalezca y saque al ministerio de Agricultura y lo siente a su derecha como unos de los principales despachos y con el poder suficiente para que conduzca el desarrollo rural, desde luego apoyado por otras carteras como Transporte para el tema de vías terciarias, Defensa para potenciar la seguridad, Medio Ambiente para que tenga participación sobre los sistemas de riego y hasta el de Hacienda para que determine presupuestos serios y no como los de hoy que aparte de recortados, resultan completamente irrisorios.

Sin duda el hambre ronda

Las advertencias sobre la posible llegada de una hambruna, dijo Mejía López, son más que válidas, más ahora con el enfrentamiento bélico entre Rusia y Ucrania, dos naciones fundamentales en la producción de commodities y productos terminados.

Un temor latente es la petición ucraniana de cielos cerrados, lo que implica que, si un avión ruso ingresa y es derribado por las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, habría respuesta de Moscú, y con ello el inicio de la Tercera Guerra Mundial, totalmente pavorosa por el poderío nuclear y la elevada capacidad de destrucción. Un conflicto de ese tamaño impactaría la producción agrícola por costos y logística, además no habría manera cultivar suficiente comida para guardarla, transportarla y llevarla a los sitios de consumo.

Una amenaza para Colombia en medio de una guerra mundial es sin duda Venezuela por los lazos que tienen con Europa oriental y otros países que guardan distancia con occidente.

 

“Yo quisiera saber si en el Gobierno actual o si los candidatos a la Presidencia tienen preparados planes de contingencia y los han visualizado, por ejemplo, que produce Colombia, si no me llega lo que importo, de qué manera suplo esos bienes y cómo hago para que el agricultor siembre, coseche y le garantice al consumidor los alimentos, pero aquí se trata de que el granjero no gane, que siga perdiendo, y si no hay margen de ganancia nadie lo va a hacer. En un mundo de libre comercio, la agricultura es rentable, pero si no es así nadie aumentará el número de vacas a ordeñar, será complejo vender tierras para acrecentar los cultivos y sin ganancia nadie correrá riesgos, luego la amenaza de hambre es latente, sin duda”, sentenció Mejía López.

El ejecutivo y su cartera agropecuaria, remarcó el entendido, si quiere forjar una estructura logística efectiva, debe tener ojo avizor para agricultor y consumidor e igual tiene que identificar y tener control sobre las cadenas productivas en su totalidad.

En materia política, Mejía expresó su preocupación por la mínima cantidad de candidatos, hoy en el Congreso de la República, que llegaron batiendo las banderas productivas, lo que incluye una férrea defensa del sector agropecuario y promoviendo la empresarización del campo, algunos aspirantes que lo tuvieron como palestra no llegaron a los cargos legislativos.

Mejía dijo que, en sus tiempos de dirigente gremial, debió hacer una exposición en el Congreso de la República, cita a la que llegó con datos y argumentos, una experiencia lamentable porque la gran mayoría de parlamentarios jugaban con sus dispositivos móviles, hicieron llamadas, conversaron entre ellos o salieron del reciento, tan solo hubo un corto momento que atrajo su atención. Al despedirse, quien fuera presidente de la SAC les dijo a los congresistas que los médicos, ingenieros, arquitectos, contadores son ineludibles y en algún momento se van a necesitar, remarcó que los únicos trabajadores indispensables para la humanidad durante toda su vida, tres veces al día para asegurar desayuno, almuerzo y comida son los agricultores a quienes nadie protege en el legislativo, a la inversa, les sostuvo, los están acabando.

El campo sigue al garete, hacen falta planes de contingencia de corto, mediano y largo plazo. Afirmó que también se necesitan los puertos alternos a Buenaventura, Cartagena y Barranquilla que se pueden usar por Urabá y desde luego en distintos puntos del Pacífico para movilizar mercancías. No se ha identificado con precisión qué hace falta para producir con eficiencia, cómo se suplirá el más del 30 por ciento de suministro de insumos, por ejemplo, fertilizantes que vienen de Rusia y cómo o con quien se reemplazará ese mercado.

Para ese propósito, consideró Mejía López, debería haber un equipo de primer nivel dirigido por el Ministro de Agricultura y con colaboración de los otros ministerios. Este, concluyó, es el momento de ser imaginativos en el sentido de que los países están viendo que va a suceder con su economía y básicamente la economía agrícola que es la más importante, porque la gente tiene que comer.

Este es el campo colombiano en donde la rentabilidad del agricultor es mínima, la actividad agropecuaria sigue alicaída porque muchos no ven los resultados consolidados sino el flujo de caja, algo así como un movimiento para apagar incendios. Un lío tan enorme que quien vende un lote de ganado gordo al precio del día, recibe una plata sin saber lo que le costará reemplazar esas cabezas y lo peor, ignorando cuanto le quedará neto en los bolsillos.

Un hecho real es que hay una deuda con los aldeanos y los productores del campo, el Gobierno que llegue tendrá que pensar en agro, en siembras y cosechas, no puede seguir de espaldas a la cruda realidad rural. Hay que decir que el campo no está postrado por el Covid-19, por las navieras o por la guerra, no, el agro sufre de vieja data, está a la deriva pues aún no olvida que con la apertura de 1991 recibió súbitamente la extremaunción, pero siguió tambaleando hasta los TLC, y con seguridad podrá revivir, amén de los retos que implica el cambio climático, el relevo generacional y los costos de producción.

*Tomado de: https://diariolaeconomia.com/notas-de-la-finca/item/6989-agricultura-en-colombia-una-actividad-amenazada-y-aislada-mejia-lopez.html

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