Inicio Nacional Colombia debe prepararse para una agricultura de guerra: Fenalce

Colombia debe prepararse para una agricultura de guerra: Fenalce

194
0
Compartir

Foto/-ykaiavu-en-Pixabay

Diario La Economía

Una vez más quedó demostrado que en Colombia fracasó el modelo económico, el mismo que acabó con la economía agraria, vital para la generación de empleo y la seguridad alimentaria.

Sin lugar a dudas los tiempos de guerra conllevan a adoptar diferentes estrategias para evitar los impactos del desabastecimiento, la escasez y los altos precios, unos aspectos que golpean la alimentación de la humanidad y algunas materias primas esenciales para la elaboración de bienes de primera necesidad, cuando estallan los misiles y la destrucción se hace cada vez más traumática, los países que sufren con mayor notoriedad son los que caminan orondos con la globalización. Esos estados dependientes, que le pusieron punto final a la agricultura y a las empresas dedicadas a la manufactura están por obvias razones llamados a colapsar.

La apertura y los tratados de libre comercio fueron importantes, pero para la adopción de tecnología, compra de bienes de capital, innovación del sector primario y el empresariado, pero letales cuando entregaron los sectores productivos, o lo que quedaba de ellos. A la fecha Colombia depende del agro exógeno, de las importaciones, con un agravante, los productos que llegaron exageradamente costosos por la crisis logística lo serán aún más si la guerra en los Balcanes sigue, a eso hay que añadirle un precio desbordado en los insumos, commodities y ni qué decir de los procesados que posiblemente no alcancen la mesa de la mayoría de los hogares porque a la carestía generada por geopolítica, hay que sumarle la tasa de cambio y las tarifas internas, en síntesis, que Dios nos coja confesados.

Los defensores del neoliberalismo deben estar pagando escondederos a peso, un hecho apenas razonable, sus tesis quedaron más desacreditadas que nunca y el discurso de regalar los bienes de la nación so pretexto de la inversión, acabar la agricultura e importar con los dólares del cuncho de petróleo, alimentos que hoy son más caros, quedó relegado al enlabio y la pamplina. Tremenda equivocación.

Ahora bien, el tema no era tanto equivocarse pues como lo dice la Biblia, es de humanos errar, la preocupación pasa por los posibles detrimentos causados a consciencia de que eran posibles y evitables, tan solo bendecidos por el interés de unos cuantos.

Las verdades deben aflorar y en ese sentido el país debe hacer lo del ave Fénix, reconstruirse desde sus cenizas y apostar por una economía agropecuaria vocacional que ocupe a la gente, la remunere bien y le permita con todo decoro llevar el pan a la mesa, lo mínimo que pide un ser humano coherente.

El mundo está en vilo, el conflicto entre Rusia y Ucrania puede ser la mecha para el estallido de la tercera guerra mundial con las debidas consecuencias. Ya no estamos en las épocas en las que las operaciones castrenses se hacían en Europa y para ese fin los poderosos movilizaban tropa y su mejor armamento, todo para lo más cruel e injusto, llevar un diferendo de Estado a una guerra en donde solo mueren inocentes, algo poco sensato porque los conflictos de gobiernos no pueden ser la muerte de los pueblos, de los que terminan inmolados sin conocer a su enemigo, quizás con las mismas obligaciones y compromisos familiares. Irracional e inadmisible, más ahora que en la guerra entra el comercio, el deporte, la cultura, la moda, el alimento de niños y ancianos, y hasta las deudas. Vaya, vaya, sin empezar el combate grande, ya hay ganadores y desde luego un solo perdedor, el mundo, hastiado de beligerancia, desencuentro y odio.

Los agricultores colombianos, en vía de extinción, están alarmados, y no es para menos, es factible que las cosechas no sean suficientes y que los alimentos que demanda el país y el mundo en la eventualidad de una mayor movilización de ejércitos, no den para cubrir un enorme faltante.

En charla con Diariolaeconomia.com, el Gerente General de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya, Fenalce, Henry Vanegas Angarita, aseguró que Colombia debe prepararse para una agricultura y economía de guerra, es decir retomar cultivos y hacer cambios en la dieta de acuerdo a la disponibilidad y consideró que, en lugar de comer pan, el colombiano debe consumir arepa.

La situación bélica, expuso el conocedor, hace pensar en una sustitución de alimentos con lo que el país tiene o cuenta, es decir como en una economía de guerra, pues si hay un percance y toda la economía está globalizada, de manera inexorable, el perjuicio será general, luego es apenas consecuente alimentar el país con lo que produce.

Dijo que el consumo de maíz es bastante afortunado y a diferencia del trigo que produce obesidad, no tiene gluten y sí mucha fibra, sin contar que hace parte de una tradición milenaria, totalmente ancestral.

En una confrontación, ilustró el dirigente gremial, la oferta de alimentos disminuye y eso conmina a las naciones por fuera del problema a impulsar su economía agrícola para acopiar y tener suficiente suministro y con ello garantizar la nutrición de sus nacionales. Colombia, dijo, la tendrá cuesta arriba puesto que abandonó el campo, desmejoró las condiciones de los productores, castigó la rentabilidad y propicio, gracias al modelo económico, una desaforada concentración en lo que tiene que ver con la propiedad de la tierra.

La mano de obra, como si el inconveniente no fuera apremiante, migró para los cultivos de coca o para los grupos armados al margen de la ley, haciendo que contratar un jornal sea cada vez más complicado, más aún con el perverso asistencialismo, verbigracia Familias en Acción que terminó de estocar el mercado laboral rural.

Sin tantas vueltas o eufemismos, especificó Vanegas, a Colombia le toca comer lo que haya, suplicando que el labriego aumente la producción y sobrevivir con toda tranquilidad gracias a lo que pródigamente dé la tierrita. Las importaciones, misil tras misil y en el evento que la guerra mundial sea un hecho, quedarán supeditadas a la suerte y por qué no, al capricho de los acaparadores.

La situación está pasando cuenta de cobro

El modelo económico que desactivó el campo y avaló las importaciones masivas de alimentos empezó a pasar una factura onerosa, la cual se refleja en un disparado costo de vida, ello debido a unas importaciones que se encarecieron por la crisis global logística, el conflicto en Ucrania y la tasa de cambio. A lo anterior se suma que esos países son productores de cereales y girasol, pero igual de petróleo y gas como acontece con Rusia, dueño de enormes reservas hidrocarburíferas las cuales le dieron tranquilidad energética a Europa Occidental y otras latitudes.

“La situación cambió y lo más duro es que los colombianos se resisten a aceptar esa condición, pues han pasado dos años en que es más costoso importar que producir en el país, sin embargo, la industria y los importadores guardan la esperanza que el entorno geopolítico y económico sea coyuntural y que todo vuelva a fluir como en el pasado, ese es un inconveniente de marca mayor, pero muy pocos son conscientes de la cruda realidad”, puntualizó el señor Vanegas Angarita.

Hay dos asuntos, el primero tiene que ver con el recrudecimiento del conflicto y el arranque de una guerra mundial que dejaría a Colombia en el peor de los mundos porque habría mayores problemas de abastecimiento y los precios seguirían, como está pasando, escalando, imposibilitando adquirir algunos cereales y materias primas, en la eventualidad que haya oferta, pues muchos guardan reservas para las llamadas vacas flacas.

Lo más grave de todo, especificó el Gerente General de Fenalce, es que Colombia desaprovecho años de recuperación de los campos y de la reconstrucción del tejido social rural en su totalidad, igualmente atomizado por un conflicto interno y un proceso de violencia de vieja data. Tristemente, recalcó Vanegas Angarita, el país no capitalizó el cuarto de hora, el de los dos años anteriores y los dos o tres que están por venir.

Dijo que, en esa carrera por reactivar el campo, es perentorio y estratégico, contar con un componente de producción local que garantice el mínimo de abastecimiento. Pero también hay que tomar consciencia que es necesario comprarle al productor colombiano que logran cosechas de alimentos muy superiores a los que vienen de otros países. Por todo esto debe haber a toda costa una sensatez social que se refleje en mayores compras y en absorción de la producción nacional.

El portugués y premio Nobel de Literatura José Saramago, dijo que la mejor política contra el neoliberalismo es la consciencia social, razón por lo cual, razonó el Gerente General de Fenalce, si hay respaldo al labriego y se le compra todo lo que produce, muy seguramente empezará la anhelada reactivación del campo.

Colombia debe elegir gente comprometida con el campo

En el debate electoral, la mayor pobreza se ha visto en el poco conocimiento que los candidatos han mostrado sobre los campos, la productividad y los retos que tiene Colombia en ese frente, es por eso que muy seguramente al Congreso llegarán personas idóneas, comprometidas y con metas claras frente al reavivamiento de la agricultura, pues caso opuesto el país habrá fallado nuevamente en las urnas.

A criterio de Henry Vanegas, es urgente cambiar el chip y bajar la intensidad de los productos agroindustriales de tardío rendimiento, así como a los bienes agroexportadores. El cambio apunta específicamente, anotó, a la producción de comida, a los cultivos agroalimenticios de ciclo corto, un real cambio en política agraria que, sin ir más allá, necesita imperiosamente el país.

“Necesitamos menos caña, palma, flores y algodón. Igual hay que mermarle al cultivo de cacao, ya que en sustitución de siembras meten los árboles o cacaoteros cuando hay que esperar tres años para que un predio produzca una tonelada que puede valer nueve millones de pesos, es decir, todo un dilema porque no es soportable esperar 36 meses para recibir esa plata. La “bebida de los dioses” no es un cultivo de sustitución, no sé a quién se le ocurrió semejante idea”, comentó el Gerente General de Fenalce

Agro, una política que debe ir mucho más allá de la cerca

El vocero repisó que desde la apertura económica de 1991 la agricultura entró por el camino equivocado, ya que la apuesta fue por cultivos de ciclo largo y agroindustriales. Hoy, precisó el dirigente gremial, la realidad mostró que lo primero es la salud y en segundo lugar está la comida. Lamentó que, ante la situación económica cada vez más estrecha, hay mucha gente que no tiene el alimento asegurado, una prueba fehaciente que el reto es producir volúmenes significativos de comida.

Dejó claro que, si hay hambre, no implica que esta llegue porque no haya qué comer o por falta de producción, este fenómeno sería la consecuencia de una lánguida capacidad adquisitiva que no le permite a una familia comprar lo que requiere para su consumo. Hoy, apuntó el directivo, la plata que ganan los colombianos no alcanza para un mercado ni para lo que deben comprar y esa es una causal de hambre que el nuevo Gobierno debe atacar.

Aseveró que las personas están comiendo muy mal en las ciudades y peor en los campos, en donde la dieta está basada en arroz, pasta y huevo. Puntualizó que la gente come pollo cuando se enferma el ave de corto vuelo, o cuando un mal ataca al campesino que por fuerza mayor debe consumir consomé, es decir agua con sabor a pollo.

El futuro Presidente de Colombia debe propiciar todo un revolcón en la estrategia agraria, lo cual involucra expedir medidas para que la producción de cultivos agroalimenticios de ciclo corto sea mucho más atractiva y favorable, hecha en unas condiciones totalmente diferentes a las del resto de la agricultura y la ganadería.

“En tanto se asuman unas políticas uniformes en donde se tenga la concepción que el tratamiento en la producción agraria debe ser igual, el asunto no va a cambiar porque, insisto, el país demanda un trato diferencial para aquellos agricultores que produzcan comida, es decir darle el bono ganador para quien haga la tarea. En eso el Estado tiene que orientar los recursos, todo para asegurar la siembra de alimentos que le lleven tranquilidad a la totalidad de los conciudadanos con una seguridad alimentaria no solo basada en la obtención, sino facilitando que las cosechas sean accesibles y lleguen en condiciones de sanidad, inocuidad y nutrición. La idea es que esa posibilidad de consumir verduras, proteínas, cereales y demás, sea constante y sostenible, puesto que no se trata de que un núcleo familiar coma un día y aguante dos”, señaló Henry Vanegas Angarita.

Estimó necesario un Gobierno capaz y preocupado por el campo, totalmente comprometido con la reactivación agrícola y pecuaria, un ejecutivo trabajador y enfocado en una política diferencial para la producción de cultivos agroalimenticios. Dedujo que Colombia no necesita una política agropecuaria, tan solo una táctica de seguridad alimentaria.

La idea es motivar las siembras de manera extensiva para fomentar empleo e ingreso y no seguir con la iniciativa estatal de comprarles a los agricultores de otras naciones en donde lo tienen todo, incluidos subsidios, consideraciones y ayudas. Al generar puestos de trabajo en los territorios, explicó Vanegas, con toda seguridad se diversificará el estipendio, lo que les permitirá a los colombianos utilizar los excedentes para adquirir bienes que no producen y así potenciar la canasta familiar.

Hoy el mundo está en alerta, muchos países por la vivencia Covid-19, que sigue campeando, decidieron volver a la agricultura, la experiencia de depender no fue la mejor y los labradores terminaron premiados con el nuevo escenario geopolítico, ya que la gran mayoría apostó por cereales, verduras y diversidad de proteínas.

Colombia, infortunadamente se quedó en un proyecto agrícola, vio pasar como un bólido a Ecuador y Perú, naciones que se matricularon en las grandes ligas de la producción de alimentos. Los retos son grandes, sobre todo analizando el entorno mundial porque siguen los problemas con la ganadería extensiva, cultivos improductivos, una vertiginosa y cruel deforestación, enormes e ineficientes subsidios, dietas totalmente por fuera del mandato de la salud, un crecimiento exponencial de las importaciones y el cambio climático, una amenaza latente y permanente.

Colombia está en el momento del maíz

Según los cálculos de Fenalce, en 2022, podría haber un incremento del 25 por ciento en las áreas de siembra, pero todo depende de si habrá la suficiente oferta de fertilizantes y lo más importante, si los precios estarán al alcance de los maiceros, dicho de otro modo, unas condiciones que garanticen una buena cosecha.

“Si no se consiguen los abonos o si el agricultor tiene que mermar la cantidad de fertilización, las producciones se verán afectadas”, sentenció el Gerente General de Fenalce.

El crecimiento porcentual proyectado implica que en maíz se pasaría de 400.000 a 500.000 hectáreas de siembra aproximadamente, todo para un total de 2.5 millones de toneladas, una cifra superior a la de 2021 que registró 1.8 millones de toneladas anuales.

 

En fertilización hay opciones

La aplicación de fertilizantes tiene al mundo estresado, algunos hacen cuentas y ven que, en definitiva, no podrán asumir ese costo. En ese orden de ideas vienen las opciones y en materia de abonos hay alternativas por el componente microbiológico y orgánico mineral que permite que se pueda reducir la demanda de fertilizante hecho a partir de síntesis química que inclusive puede combinarse con materia orgánica y con subproductos de la industria pecuaria para poder hacer un ciclo de nutrientes y adelantar un sistema agro-ganadero, ya que en Colombia, en términos de agricultura, las siembras van por un lado y la ganadería por otro.

“Este es el momento de hacer lapsos de integración, en este caso tanto el aprovechamiento de los subproductos de la cosecha anterior con microorganismos, como la incorporación de sustratos de materia orgánica, por ejemplo, gallinaza, pollinaza, porquinaza, benincasa, vinazas, caprinaza, sirria lanar, cachaza, raquis de la palma de aceite, cascarilla del arroz y toda una gama de subproductos que hayan a nivel local, tienen que integrarse en proyectos bioquímicos y enzimáticos que contribuyan a una mayor eficiencia en el uso de nutrientes. Hoy por costos y situación global nos vemos obligados a darle rienda suelta a esas prácticas”, afirmó Henry Vanegas Angarita.

El experto subrayó que es ineludible hacer compostaje, aprovechando la condición de trópico, en donde en entornos silvestres es fácil encontrar guano rico en amoniaco, nitrógeno, fósforo y potasio. También, dijo, es bueno obtener abono orgánico a partir de distintas fuentes, incluso de podas y del sustrato que sale de la industria de las flores, así como de materia vegetal boscosa, muy útil cuando entra en etapa de descomposición.

Cuanto antes hay que jugársela con esos compostajes para rendir la fertilización química y tener una integración microbiológica-orgánico-mineral. Para ello, dijo Vanegas, el país cuenta con fosfatos del Huila y Boyacá, pero igual con diferentes fuentes de abastecimiento de calcio, como también de azufre en las cordilleras. Acentuó que Colombia debe trabajar en la mezcolanza de procesos en torno a la agricultura para alcanzar altos niveles de eficiencia a partir del uso adecuado de los insumos.

“Es un hecho, no hay excusa para no sembrar, actualmente hay soluciones, es urgente ubicarlas porque no se han necesitado y el país pensó que podía seguir haciendo una agricultura de ricos, ahora hay que desarrollar una agricultura de guerra. Aparte de todo es inevitable aprovechar los residuos de cosecha y cambiar los sistemas de labranza y apuntarle a una práctica vertical, trabajar más con microorganismos, solubilizadores de nitrógeno, micorrizas, solubilizadores de fósforo y toda una articulación que nos blinde y nos defienda, mejorando también el foso viviente de nutrientes”, concluyó el Gerente General de Fenalce. Henry Vanegas Angarita.

*Tomado de: https://diariolaeconomia.com/notas-de-la-finca/item/6971-colombia-debe-prepararse-para-una-agricultura-de-guerra-fenalce.html

Compartir