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Bio-fábricas de fertilizantes, solución para caficultura y agricultura: Pacundí

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Foto/diariolaeconomia.com

Diario La Economía

Los labriegos omiten que la producción limpia es más rentable y totalmente posible. Expertos dicen que es urgente abandonar insumos químicos, responsables del deterioro en la salud.

Durante décadas a los productores del campo se les vendió la idea que la agricultura tan solo era viable aplicando en los suelos productos químicos para aumentar los rendimientos, lo que jamás dejaron claro es que ese tipo de insumos fabricados por reconocidas multinacionales afectaban la salud humana, de una manera tan seria que inclusive con cargo a muchas marcas que ofrecieron soluciones en la ruralidad, aumentaron los casos de cáncer y las muertes, no solo en las zonas de cultivo, igual en las urbes, en donde los consumidores ignoraban el peligro que representa la agricultura química, la misma que ingieren a diario con alimentos locales e importados, modificados genéticamente y bañados en diversos venenos.

La pérdida de valores es de tan grandes proporciones que inclusive se comercializan productos químicos de comprobada afectación en la salud, verbigracia glifosato, atrazina, pesticidas y algunos fertilizantes nitrogenados. Hay casos en los que las familias campesinas se ven impactadas y reportan muertes por enfermedades cancerígenas porque alguno de ellos manipuló o respiro en la atmósfera agrícola algún tipo de herbicida, abono o derivados de la peligrosa síntesis química.

Es común, según la ciencia médica, que en las zonas de cultivo se registren malformaciones fetales y enfermedades mortales, sencillamente porque no existe información sobre el origen de los insumos y el

alcance de estos en materiade salubridad. Independiente de esto hay indicios del apuro con el uso de agroquímicos y es la muerte de abejas y colibríes por envenenamiento, un tema para revisar y no dejar solo en las letras de periódicos o titulares de prensa.

Hay algo cierto, más que la industria de las armas, convive con los agricultores de manera agazapada una elaboración mortal, sumamente impía que de no dejarse de lado en la producción, o reemplazarse por materias primas orgánicas, apagará millones de vidas, hablo de la agroquímica, enemiga de labriegos, consumidores y todo tipo de fauna, ni más ni menos que señalada del asesinato de los ecosistemas, entre tantas consecuencias.

Salta a la palestra una pregunta, ¿sabe usted que consume su familia y si es confiable seguir con una agricultura a gran escala, que usa sin recato alguno, productos que están relacionados con enfermedad y muerte? Llegó la hora de que las familias empiecen a indagar sobre quién y cómo los alimenta, de averiguar qué alimentos usan químicos y de qué manera pueden sugerir una agricultura limpia, ancestral y milenaria que nutra y les permitía a los seres humanos morir de viejos, jamás envenenados por empresas irresponsables y afanadas por quedarse con la plata de los difuntos, los clientes de los insumos agroquímicos que van encontrando herederos de una práctica macabra.

El sector agropecuario se mueve hoy en un gran dilema, desaparece por la imposibilidad de comprar agroinsumos que seguirán disparados en la franja internacional o termina reinventándose, es decir, aprovechando las herramientas que tiene a la mano para fertilizar de otra manera y muy seguramente llevando a los mercados productos sanos, de valor agregado que tendrán seguramente un mayor valor. El asunto es dar el paso pronto porque la renovación y transformación agraria no da espera y la población no puede seguir en hospitales por una alimentación contaminada y atiborrada de venenos.

Desde la tribuna cafetera, puntualmente la de Pacho en Cundinamarca, han surgido propuestas que de ponerse en funcionamiento acabaría con un riesgo latente para la vida y la producción, unas iniciativas diseñadas para dejar de lado los inconvenientes logísticos, las guerras y todo tipo de impase geopolítico que redunde en carestía.

Muchos dicen que problemas como el consumo de alcohol, tabaquismo, exposiciones a la radiación y los fármacos, quedaron atrás frente al riesgo al que conlleva la alimentación, un diagnóstico alarmante, puesto que eso dice que las cosas no se están haciendo de la mejor manera.

Hoy el problema no es el Covid-19, a esta enfermedad le está pasando lo de la peste negra o la misma gripe española, empezó a irse por sí sola, pues las vacunas nunca llegaron, tan solo unos biológicos que inclusive tienen a muchos bajo tierra o agonizando, el reto de hoy es meterse de frente en la industria agroquímica que tiene disparadas las divisiones de oncología de clínicas y hospitales.

Las soluciones las pide la naturaleza y las personas que dependen de laborar en los sitios de cultivo, igual los consumidores en donde la población infantil es alta, ni que decir de los agricultores, quienes pasaron de fértiles tierras y la ruralidad a un literal camposanto, es el momento de aprovechar los altos precios y el riesgo de desaparecer del negocio agropecuario a subsistir, replanteando el ejercicio y llevando a la mesa productos limpios, alimentos de vida.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Gerente y representante legal de Café Pacundí, Héctor Delgado, dijo que si bien hay problemas de suministro con los fertilizantes y otras materias primas para el sector agropecuario, existe también una inmensa oportunidad, y es salvar la economía rural con insumos hechos en las fincas, llevando a los mercados productos limpios a mejor precio y vendiendo mucho más. Con el trancón logístico, expresó, hubo tremendos apuros, pero ahora con ruidos de guerra, el problema será, por razones obvias de mayor tamaño.

Una de las propuestas que ha tenido Delgado es que, a través de las Secretarías municipales de Agricultura, a cada finca se le ayude con transferencia tecnológica para que cada unidad productiva cuente con su bio-fábrica, así pues, que un campesino antes que producir leche, pastos, papa, arveja, café o lo que quiera, debe ser capaz de elaborar su propio bio-fertilizante.

Anotó que es necesario implementar ese tipo de solución porque Colombia necesita con apremio alimentos sanos y los fertilizantes químicos van a seguir trepando en precio hasta llegar a unos niveles increíbles en donde anclarán, es decir que aparentemente el labriego está hoy en el peor de los mundos.

Desde su perspectiva, durante años la clase política ha utilizado un discurso por demás desgastado y anacrónico que tiene como base la consideración por los bajos precios y la casi inexistente rentabilidad, descartando una realidad de mercado que consiste en oferta y demanda, nada que pueda hacer una Ley o un decreto. Los amigos de la política, cuestionó Héctor Delgado, se han apartado de factores determinantes como los costos de producción agropecuaria y dentro de ello lo que puede ahorrarse un campesino con las bio-fábricas.

“Les puedo decir que con 200.000 pesos, aproximadamente, un campesino divinamente, puede crear su fábrica de bio-fertilizante para abonar toda una finca. Lamentablemente no vemos las soluciones que tenemos a la mano, hemos sido miopes frente a las salidas que están en la misma naturaleza y todo por consolidar una economía dependiente, no sólo en fertilización sino en materias primas incluso, luego es lamentable lo que pasa en el mundo, pero no podemos estar dependiendo de los abonos y productos provenientes de Ucrania, Rusia, Bielorrusia, Estados Unidos, Europa o de cualquier otra latitud, cuando nosotros mismos podemos producir nuestro bio-fertilizante, algo apropiado, ya que permite una agricultura regenerativa”, reveló el Gerente de Café Pacundí.

A criterio del versado, gran parte de la información que necesitan los suelos colombianos está en ellos mismos, y a su vez producen lo que el país requiere. Anotó que muchas veces el sentido común es gran aliado porque el potasio que tanto recomiendan los agrónomos para las plantas está en los bananos o plátanos que obtiene el país. El reto es como las Unidades Municipales de Asistencia Técnica Agropecuaria, UMATAS, o las secretarías de Agricultura enseñan a extraer ese potasio para reincorporarlo al suelo.

De manera ancestral y un conocimiento heredado, los abuelos y abuelas sacaban las cenizas de las estufas de carbón para luego restituirlas a los campos de cultivo y es que precisamente en esas hornillas eran quemados plátanos y muchos otros productos vegetales que al calcinarse, formaban una mixtura de información nutricional, bastante afortunada para los productivos suelos.

“La pregunta es, ¿qué hacemos con los plátanos o bananos, los apretamos, comprimimos, quemamos las hojas de la planta, o cómo debemos proceder?, lo cierto es que la mayoría de necesidades nutricionales están dentro de la misma finca”, señaló Héctor Delgado.

Hoy la agricultura, aseveró el Gerente de Pacundí, está en la era del vademécum, pues el mundo pasó de una formación científica a una dependiente y allí las grandes corporaciones les entregan a médicos, agrónomos y veterinarios un libro en donde se recomienda el tratamiento y el medicamento para determinada dolencia, algo lamentable porque desplaza la investigación y la curiosidad que hizo tan famosos a los boticarios que a partir de plantas maceraron y encontraron loables remedios. El país y el mundo perdieron los conocimientos ancestrales y lamentablemente no fueron rescatados para llevarlos a la academia y justamente en eso se debe trabajar.

La humanidad ha utilizado insecticidas e insumos desde hace más de 4.500 años cuando los sumerios acudieron al azufre para controlar plagas, los chinos optaron por el mercurio y el arsénico con lo que trataban hasta los piojos.

Los abonos químicos incursionaron en 1840 cuando el hambre azotó a Europa y el ingenio del Químico alemán Justus Von Liebig, puso sobre el escritorio la solución química para la agricultura. Observó que las plantas contaban con tres compuestos esenciales para su proceso de crecimiento y rendimiento, Nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio, (K). La fórmula NPK sigue siendo en estos tiempos la base para la producción de fertilizantes químicos.

Si bien el primer abono artificial no llenó las expectativas, el tiempo fue optimizando la fórmula con la aparición de los elementos nitrogenados a base de amoniaco. Los fertilizantes más comunes en esa línea son amoniaco anhidro, urea, sulfato de amonio, hecho a base de amoniaco y ácido sulfúrico, nitrato de calcio y caliza, elemento potenciado con nitrato de amonio.

Café de Pacho, deleite de altura en Cundinamarca

La caficultura en Cundinamarca es de vieja data, llegó al departamento por allá en 1850 cuando el grano dio muy buenos resultados y la región logró exportar, aprovechando los barcos que anclaban en Girardot y luego salían para el mar Atlántico por el Río Magdalena. Los inicios de la caficultura cundinamarquesa fueron espléndidos, la actividad crecía y el grano que brotaba de los suelos dejaba muy buenas sensaciones aromáticas y en taza. Sin embargo, al café de la provincia le vinieron unos años duros porque debió soportar la Guerra de los Mil Días, la cual se desarrolló entre 1899 y 1902, dejando miles de muertos, quiebras y los cafetos arrasados.

Una de las regiones productoras de grano excelso en Cundinamarca es la de Rionegro, que limita con Boyacá y alberga en su paisaje majestuosos cafetales a los que lugareños y visitantes tienen acceso para disfrutar de uno de los cafés producidos con mayor nivel técnico en el departamento, todo en medio de un entorno de gran belleza.

Las poblaciones cafeteras de esta provincia son Caparrapí, El Peñón, La Palma, La Peña, Pacho, Paime, San Cayetano, Topaipí, Villagómez y Yacopí.

Según el Gerente de Café Pacundí Héctor Delgado, lo que ocurre con el café en Pacho y en la región de Rionegro es lo mismo, cuenta con unos agricultores muy juiciosos y entregados a la producción de café especial, ello como consecuencia de una explotación artesanal casi que en su totalidad. Los cafés con enorme valor agregado son cultivados en minifundios y por eso diferente a Brasil en donde una finca puede tener dos millones de árboles o disímil a las haciendas del Eje Cafetero, sector de Colombia, en el que una finca promedio fácilmente suma 200.000 árboles, Pacho por ejemplo tiene 5.000 matas, una caficultura pequeña, eso sí muy cuidada por las familias cafeteras que ven en el grano una mejor opción de vida.

“Son matas consentidas que prosperan dentro de platanales y muchos árboles nativos, se trata de un café muy especial en donde son cosechados sí o sí granos maduros de la mejor calidad, todo un concepto de micro-lote, en donde las pequeñas fincas ponen su empeño en la producción de cafés altamente diferenciados. Pacho muy seguramente no tiene más de dos haciendas con 100.000 matas”, expuso Delgado.

Un tema que tiene muy claro el experto es que el universo del café de Rionegro es especial, pues no en vano una conocida empresa le otorgó la denominación de café tripe A. Cabe anotar que todo el café de la región tiene como destino el mercado de Suiza y tan solo se procesa una cantidad mínima para darle la oportunidad al consumidor nacional de deleitarse con una buena taza de café.

La provincia por la que atraviesa vertiginoso el Rio Negro, el mismo que baja del helado Páramo interandino de Guerrero, goza de múltiples fuentes acuíferas y de unas condiciones en suelo que hacen de su café un grano de enormes condiciones y atributos.

Café Pacundí sale al mercado con cuatro referencias propias, Típica Silvestre, un café difícil de conseguir porque viene de variedades hoy por hoy escazas como caturras, borbones, maragogipes, también conocidos como granos de café elefante, así como otros especiales matizados por la carencia que están en fincas en donde los encargados de su cuidado, personas de edad avanzada no les hacen ningún tipo de aplicación, es decir que no es un café ni orgánico ni ecológico, se le conoce como silvestre, una condición que hace muy complicado adquirirlo.

Los excelsos, indicó Héctor Delgado, que son tipo exportación, granos que están en mallas superiores, sin rechazos, sin olores y de cualidades muy particulares. La marca también maneja el café tradicional o de consumo nacional que sale precisamente de esos granos que son trillados a chorro, es decir un proceso en donde no hay selección, un grano que lleva una mezcla de subproducto. En oferta es fácil encontrar cafés institucionales que están hechos a base de pasillas, haciendo la salvedad, que esas pasillas o subproductos nacionales son de muy buena calidad.

No sobra decir que como pasilla en el café se entiende que son aquellos granos defectuosos es decir brocados, negros, partidos, astillados o avinagrados.

En opinión de Delgado, gran parte del café que se consume a nivel local, de las marcas más reconocidas y de los acreditados tostadores, justamente viene de procesar subproducto o pasillas, pero importadas de Brasil sin que sean granos imperfectos de la mejor calidad. El tema es que mientras Colombia siembra y cosecha cafés arábicos, los brasileros recogen robustas, lo cual traza enormes diferencias ya que como es bien sabido, el café excelso colombiano maneja dulces, notas cítricas y toda una poesía en bebestible, los granos del país de la samba, la caipirinha y el buen fútbol por su parte, se conocen por ser amargos y sin el debido perfil de taza.

Anotó que amén de que Brasil esté en contrato C en la bolsa de Nueva York con unos cafés Arábicas, no tienen los suelos ni las condiciones colombianas tan particulares que le dan al café un sabor diferente y siempre suave. Los cafés suaves de Brasil, indicó, salen para Europa o Asia, pero nada para la región y menos para Colombia que tan solo compra pasillas robustas de bajo costo.

El precio no se ha reflejado en mejoras

El hecho de haber tenido precios por encima de los dos millones de pesos y que el pasado jueves empezó a ceder hasta ubicarse en 1´960.000 pesos la carga de 120 kilos, no quiere decir que el productor haya disfrutado de los precios por cuanto traía pérdidas acumuladas, deudas con los bancos y unos costos de producción que hoy siguen disparados por el precio de los insumos, la escasez de mano de obra y la precariedad en vías terciarias.

El empresario afirmó que la realidad para los productores es totalmente diferente a lo que muchos piensan, puesto que las cantidades de grano no son las mismas por el clima, un caso reciente, el exceso de aguaceros y baja luminosidad que impactó la florescencia y la formación de abundantes frutos. El tema fue tan delicado que la cosecha de Pacho y la región de Rionegro, esperada para los meses de abril y mayo, está cargada de incertidumbre porque no se sabe cuánto café será recolectado, pero de antemano hay certeza que se trata de una flaca recolecta.

Si el café llega en bajo volumen los precios no podrán ser aprovechados y a lo anterior hay que adicionarle, explicó, los altos costos de producción puesto que entre el 25 y 30 por ciento de la actividad cafetera está representada en fertilizantes, un insumo que en valor está por las nubes y con tendencia alcista. La poca mano de obra es muy costosa, un ítem que se une a una tabla de gastos que no hace tan halagüeña la que debería ser una celebración.

Como si fuera poco, apuntó Héctor Delgado, las vías no están en las mejores condiciones, un tema grave porque casualmente los costos de transporte de la región, están entre los más altos del país, un asunto tan apremiante que la movilización de una persona a Pacho puede costar 20.000 pesos, una tarifa elevada que crece si hay mercancías o productos agrícolas para llevar a la población.

“Yo no veo políticas claras que le ayuden al campesino a disminuir los costos de producción y menos al caficultor, excepto por lo hecho desde la Agencia de Comercialización de Cundinamarca, entidad que nació para ese fin, la verdad he visto que la iniciativa está dando resultados. Ojalá el modelo reciba más recursos y que los gobernadores que lleguen no dejen morir ese instrumento que si está subsidiando en algo la producción, pero tristemente no es un modelo definitivo, ni hace parte de una política de Estado para el agro y la caficultura”, declaró el señor Héctor Delgado.

Sostuvo que en Colombia es perentorio redefinir el modelo de producción agropecuario, lo cual implica un cambio total desde aspectos tales como con qué produce el país, para que produce, en dónde produce y más.

Los cafés importados deben tener denominación de origen

En aras de la probidad y la tranquilidad, el Gerente de Café Pacundí, consideró urgente decirle a Colombia qué café toma, ya que mucha materia prima viene de Brasil y otras latitudes sin que nadie se dé por enterado, una importación que obvia controles extremos e información y lo esencial, todo lo atinente a trazabilidad.

Puntualizó que en Colombia se ha condenado a un grupo de empresarios de las confecciones y el cuero que fabrican sus productos en China, todo porque el bien adquirido no tiene manufactura nacional, empero lo dicen, son honestos y hacen la precisión. En el caso del café todo es impreciso porque muchas marcas de café con operación en Colombia venden café y al detallar el grano, lo primero que salta a la vista es que el grano viene de Ecuador, Brasil y Centroamérica, un asunto que debería ser de público conocimiento y con ello apartar mentiras, engaños, puesto que ese café importado viene aproximadamente 70 por ciento de Brasil, 30 por ciento de Colombia y cuando hay opciones, hay compras en otros países productores.

“Lo que sucede es que la publicidad hace ver esas marcas que ofrecen café como comercializadoras de grano nacional, si bien, no usan la imagen de grano colombiano si generan la sensación que, comprando el sello o el producto de la empresa procesadora, se le compra al país, lo cual no es cierto pues una cosa es la industria nacional y otra muy diferente el café que esa factoría pone en el mercado”, aseveró Delgado.

¿Por qué subió el café en Colombia?

Colombia, dijo el gerente de Café Pacundí, está experimentando un alza indiscriminada de precios en absolutamente todo por efecto de la crisis logística global y del rompimiento en la cadena de suministro, de todas maneras, especificó el conocedor, hay un ingrediente nacional y es que por las heladas en Brasil y los daños en la cosecha de ese país, cerca del 30 por ciento, disminuyó la oferta de café y subproductos, lo que obligó a la industria nacional a echar mano de los productos resultantes o derivados colombianos, haciendo que aumentara el precio.

El tema de empaques y otras materias primas hace parte del universo del problema, un escenario afín en todos los sectores de la producción nacional y la obtención industrial que ven dificultades con los buques que no llegan e inclusive con los niveles de tasa de cambio.

 

“Si hoy una gran marca de café en Colombia está comprando grano nacional, no es porque quiera, sencillamente porque no hay en Brasil, un asunto que explica el porqué de los altos precios en el mercado doméstico. Adicionalmente también es oportuno decir que sin duda algo que llama la atención, es la calidad, pues no hay certeza de cuántos tostadores pequeños existen hoy en Cundinamarca y de ese monto, cuántos estén abiertos, en consecuencia, gente tostando grano toda la semana con el mayor esfuerzo, tal y como lo hace Pacundí”, precisó Delgado.

Sin que haga parte de un dato oficial, el Gerente de Café Pacundí estima que en Cundinamarca puede ser el único tostador abierto, es decir de los que operan todas las semanas, no una vez al mes o de manera informal. La empresa reporta juiciosamente la totalidad de las ventas asumiendo las cargas tributarias que eso sugiere.

En opinión del Gerente de Pacundí, no sería descabellado propender por unas siembras más holgadas y aparte de la oferta exportable, contar con grano excelso nacional para una industria especializada que ponga en el mercado cafés especiales de máxima calidad, uno porque el consumidor se lo merece y dos porque es una manera de premiar al caficultor que hace su tarea bien, agregando valor y apostando por granos diferenciados. Sobre esta posibilidad, Delgado dijo que la contribución cafetera que se utiliza para ayudar en buena hora a los productores, debería también utilizarse como un subsidio al consumo de café colombiano porque el grano especial es costoso, y ese excelso es el que todos en Colombia merecen tener, por algo viven en la tierra que produce el mejor café del mundo.

Los altos precios han restringido el consumo de toda la canasta familiar e inclusive de bienes básicos como también maquinaria. Ese fenómeno abraza al café que muchas veces compite con unas bolsas de grano importado puesto en las góndolas de algunos almacenes de cadena a montos muy bajos, situación que genera todas las dudas en calidad, trazabilidad e inocuidad.

La tostión en Colombia, añadió el empresario, no deja dudas, hay todo tipo de controles en calidad y procesos industriales, pero la gran pregunta está por el lado de la materia prima que entra, es decir, de dónde viene, quién los produce y que confiabilidad ofrece.

Los productos deben ser elaborados con cafés de la tierra

Los inconvenientes de calidad y tranquilidad en consumo no están de manera exclusiva en el café, también en otros productos como el cacao materia prima del chocolate, puesto que este alimento no es tal cual lo pintan o lo anuncian, una pastilla de chocolate de mesa lleva en exceso azúcar y grasas ajenas a la que debe aportar el cacao puro. Curiosamente lo que menos tiene un producto esencial como el chocolate es cacao, y en eso debe haber control porque prácticamente se está comercializando enfermedad, obesidad y patologías varias.

Expuso que gran parte de los que consumen productos muy económicos son aquellos que tienen régimen subsidiado en salud, y los productos que adolecen de materias primas óptimas y cantidades consecuentes, incluyendo ingredientes malsanos, le están pasando una factura enorme al sistema, por cuanto hay un elevado número de personas enfermas con patologías gastrointestinales y de todo tipo.

Muchos departamentos de compras prefieren adquirir bines muy baratos y asumir el costo de horas hombre, solo por suministrarles a los trabajadores un producto de mala calidad que con toda seguridad los va a enfermar, lo que conlleva a las debidas incapacidades. Por otro lado, hay entidades que buscan lo más económico y precario, pero facturado a precios artificiales increíblemente altos.

El negocio cafetero demanda un plan B

La caficultura ha enseñado que no solo de café vive el hombre y por eso muchos productores acuden a actividades paralelas como ganadería o siembra de otros productos como maíz, cacao, verduras, especias, aguacate y otras frutas.
Para poder sobrevivir, la empresa Pacundí debió acudir a la diversificación de portafolio y por ello creó la embotelladora de agua, para lo cual cuenta con los registros sanitarios necesarios que hacen muy confiable la puesta en marcha de la planta.

En noviembre de 2021, Pacho Cundinamarca vio nacer una empresa regional dedicada a la venta de agua potable, algo afortunado porque Agua Pacundí, entró como una oferta regional y local que resultó todo un éxito.

En este instante, por los líos del plástico, la empresa se quedó sin las bolsas de agua de 6.5 litros, razón por la cual deberá estar 30 días sin ese tipo de presentación, pero la marca reportó, pese a las vicisitudes, un éxito total por la calidad del producto.

El Gerente y representante legal de Café Pacundí, Héctor Delgado, aclaró que absolutamente nadie vende agua mineral o extraída de manantiales pulcros, el agua comercializada es potable y tratada, es decir que gran parte de la oferta hídrica para este fin viene de los acueductos municipales, lo que a juicio del empresario no es malo porque ya trae parte del proceso. Dijo que la firma como lo hacen otras marcas, adelanta un proceso de micro-filtración para que el agua quede totalmente óptima.

Hoy la distribución de agua Pacundí está ayudando a la tostadora que sigue con deudas y compromisos, para poder operar sin contratiempo alguno y cubriendo los costos de la empresa base. Dentro de los cálculos de Delgado, es posible que en uno o dos años la empresa quede saneada en sus finanzas e insistió que el apretón es tan fuerte que no se puede descartar que los tostadores en Cundinamarca estén cerrados.

Dijo que la venta de agua tratada recibe todo tipo de críticas, pero manifestó que este tipo de asociaciones hacen una labor social inimaginable, pues para el caso de la cuenca de Rionegro que suma 28 municipios los cuales no cuentan con planta de tratamiento de aguas residuales y muy pocos planta de tratamiento de agua potable, reciben, gracias a Pacundí, un líquido confiable que inclusive llega al campo en donde este servicio es inexistente como lo es en las escuelas, es decir, que la empresa está llevando agua óptima para el consumo humano, algo que el Estado no ha podido hacer y en eso coadyuva el sector privado.

Finalmente, la empresa trazó como una de sus metas prioritarias, hacerse con una huella ambiental cero en plásticos, para lo cual la compañía recogerá una cantidad de peso similar en plástico a la que utilice la empresa en la región, es decir que ese polímero será rescatado de quebradas, calles y campos para devolverlo a la industria.

*Tomado de: https://diariolaeconomia.com/tomemos-cafe/item/6953-bio-fabricas-de-fertilizantes-solucion-para-caficultura-y-agricultura-pacundi.html

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