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«Alcarràs»: la agricultura familiar amenazada 

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Foto/Luis Tudela

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Carla Simón (Barcelona, 1986), estrenó en la Berlinale 2022 su segundo largometraje «Alcarrás», que tuvo su debut en la sección de Competencia del festival. Un emotivo homenaje a una familia de agricultores de melocotón, que cultiva un huerto en la localidad de Alcarràs, en Cataluña, España, y enfrenta lo que podría ser su última cosecha.

Los legítimos propietarios de la tierra no reconocen un trato verbal pactado por el abuelo hace décadas y quieren instalar paneles solares. La cinta muestra la vida rural en una región dominada por las estaciones, donde preocupa una plaga de conejos que se come los frutos, mientras los miembros de una familia de tres generaciones conviven en el día a día.

Los niños y jóvenes disfrutan el momento que parece eterno. El padre trabaja incansable ignorando la amenaza latente. Mientras el abuelo confía en una promesa de caballeros. La cinta de dos horas de duración es una alegre comedia familiar, con un guión bien logrado y brillante fotografía, que esconde la amenaza real a un modo de vida y de producción en el campo.

La guionista y directora es parte de la familia de la Berlinale. Luego de estudiar  comunicación audiovisual en Barcelona, California y en la London Film School, participó en el Berlinale Talents en 2015, con el guión de su primer largometraje, «Verano 1993». Aquella cinta fue luego proyectada en la sección Generation Kplus, en 2017, y ganó el Gran Premio del Jurado Internacional y el Premio a la Mejor Ópera Prima. Además, la película ganó tres premios Goya y otros premios internacionales.  

En conversación con DW, Carla Simón reveló una noticia de esperanza: Va a tener un hijo. Eso, dijo, «la hace reflexionar aún más sobre la clase de mundo que dejamos a las futuras generaciones».  

DW: Su primer largometraje «Verano 1993« fue premiado en la sección Generation KPlus en 2017. Y, ahora, su segundo largometraje debuta esta noche en Competencia. ¿Cómo se siente al volver a la Berlinale?  

Carla Simón: ¡Muy contenta! es como un salto de gigante que sentimos que hemos hecho después de estar en Generation.  Esta película nos ha costado mucho trabajo, también mucho tiempo, porque queríamos rodarla en 2020 y tuvimos que retrasarla todo un año porque había que hacerlo en verano. Es un momento muy emocionante porque estamos con muchas ganas de compartir la película y de que la vea la gente, y aquí es el mejor sitio posible.  

Es difícil imaginarse filmar esas escenas todavía en pandemia. ¿Cómo fue el proceso? 

Fue muy duro ya haber pospuesto todo. Cuando nos encerraron, estábamos a tres meses de empezar a rodar. Había una fuerte energía creativa, el casting ya cerrado y, de repente, tuvimos que parar. Pensábamos retomarlo poco después, pero no fue posible. Teníamos todos los ingredientes para que fuera explosivo en pandemia, con gente mayor, niños, todos juntos, mucha gente en escena. Necesitábamos que esto pasara un poco.  

En su primer largometraje le inspiró su infancia, cómo llegó ahora a este tema, ¿tiene algo autobiográfico también? 

Sí, mi familia cultiva melocotones en Alcarràs, un pueblo en Cataluña, son agricultores. Cuando mi abuelo murió yo estaba escribiendo «Verano 1993».  En ese momento, me di cuenta de la importancia de su legado y de que esos árboles que él había cultivado que heredaron mis tíos, y que aún los cultivan, podrían algún día no ser así.

Así surgió la idea de la historia. La agricultura familiar, que es la actividad más antigua de la humanidad, está en crisis. Porque les cuesta sobrevivir de manera digna con los precios que se les paga por la fruta. Yo siento que hay algo de ese mundo que se va acabando.  

¿Es la cinta también una denuncia sobre la producción industrial de alimentos? 

En un momento en el que necesitamos una producción más ecológica, el hecho de que cambie el modelo de agricultura no es nada bueno.  Cuando una familia tiene un trozo de tierra y la cultiva y la quiere heredar a sus hijos, nietos y bisnietos, cuidan esa tierra.

Y si una gran empresa se apropia de grandes extensiones de tierra no hay esa garantía porque, tal vez, si dentro de diez años ya no es redituable, la abandonan. Hay algo en la manera de cultivar en pequeños grupos, son más respetuosos con la tierra. Veo un poco de esperanza en la agricultura ecológica, con pequeños grupos, con gente a la que le interesa la agricultura, y que está empezando a cultivar de manera ecológica, pero aún queda mucho por hacer. 

La cineasta catalana Carla Simón estrenó en la Berlinale 2022 su segundo largometraje: «Alcarràs», que compite por los Osos de Oro y de Plata, máximos galardones del festival.

¿Tiene este tema un impacto en las generaciones más jóvenes? 

Es algo que antes no estaba sobre la mesa como está ahora. Hoy en día, el no pensar en una producción más ecológica es no pensar en el futuro. Voy a tener un hijo y eso me hace pensar aún más sobre qué clase de mundo dejamos. Estamos escuchando todas las alarmas y no escuchamos lo suficiente.  

Su película está al lado de trabajos de talentosas cineastas mujeres en la Berlinale. ¿Está cambiando la visión de género en la producción de cine? 

Me siento optimista. Los números no son buenos aún, porque todavía hay muchas menos mujeres dirigiendo o produciendo que hombres. Pero soy optimista por lo que veo.

Doy clases como muchas mujeres cineastas de mi generación en España. Y, cuando estamos en la Universidad y en Escuelas de Cine, me doy cuenta de que muchas mujeres, si quieren hacer cine, ya no lo dudan, lo van a hacer. Esto pasa porque tienen referentes.

Yo, cuando estudiaba, tenía pocos referentes. Había muchas mujeres haciendo cine, pero no enseñaban o yo no sabía que existían. Poco a poco, las fui descubriendo y, claro, el hecho de que ahora ya haya muchas más mujeres conducirá a la paridad. Dentro de diez años, cuando una alumna mía haga una película, tal vez esta pregunta ya no será necesaria.   

 La película tiene un final abrupto, pese a que hay una amenaza latente a lo largo del relato. ¿Cuál es el mensaje de ese final abierto?  

Cuando comenzamos la película yo quería un final luminoso, porque mi familia sigue cultivando melocotones. Yo pensaba que sería bonito que esa familia resista haciendo agricultura, pero durante el proceso de desarrollo nos dimos cuenta de que no hay mucha esperanza para esas pequeñas familias de agricultores. 

¿Hay muchos casos así? 

Hay muchos casos, no por la instalación de paneles solares, sino porque tienen una mala cosecha, o los precios que les pagan por la fruta son muy bajos, y no hay un relevo generacional porque los jóvenes no quieren malvivir.

Los agricultores, hoy en día, tienen muy poca esperanza de una solución. Muchos van dejando las tierras y me di cuenta de que, si queríamos hacer un retrato real de lo que está pasando, no podía haber mucha esperanza. Decidimos dejar un final abierto, pero no van a continuar mañana, tal vez vuelvan dentro de un tiempo.  

¿Cómo fue trabajar con actores no profesionales? Son protagonistas de distintas generaciones, que trabajaron, además, en plena pandemia. ¿Supuso muchos desafíos? 

Muchísimos. Fue un elenco muy difícil de filmar en tiempos de pandemia. Lo hicimos con mucho control. Tuvimos un caso de covid, y hubo que parar unos días. Tuvimos un casting muy largo, en el que participaron 9.000 personas, eso sí, antes de la pandemia, por suerte. Íbamos a sitios en donde había mucha gente y los invitábamos a venir. Cuando ya teníamos el casting creamos una familia y trabajamos unos tres meses.

Yo alquilé una casa y ellos venían todos los días, distintos grupos cada día, ahí íbamos creando las relaciones, y se iban conociendo. Yo les proponía una situación y ellos jugaban a eso. Escogimos a las personas que se parecían a los personajes descritos, así fuimos creando muchas situaciones como yo quería que fueran, de una manera bastante natural.

Luego nos sentamos a leer el guión para que supieran de que iba la película, ensayamos todas las escenas para que supieran lo que tenían que decir y hacer, pero sin memorizarlo. Al final, en el rodaje, tuvimos un equilibrio entre seguir el guión y darles un poco de libertad para que se expresaran. 

¿Cómo recibirán la película en Alcarràs? 

Les daba mucho miedo que hiciéramos algo riéndonos de ellos. Los actores ya la vieron. Debido a que no todos podían venir, hicimos una proyección para que la vieran todos juntos. Ellos dijeron que les parecía un honor ser parte de esto. La gente del pueblo, no sé. Mucha gente no está acostumbrada a ver este tipo de cine. Entonces, ya veremos cómo responden. 

*Tomado de: https://www.dw.com/es/alcarr%C3%A0s-la-agricultura-familiar-amenazada/a-60791721

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