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Altos precios de la carne tienen penando hogares y carnicerías

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Foto/diariolaeconomia.com

Diario La Economía

Los expendios de proteína bovina han visto caer vertiginosamente sus ventas, en ocasiones a niveles superiores al 40 por ciento. Algunas famas estarían considerando su cierre.

Los colombianos han disfrutado de la carne de res por siempre, independiente del estrato, la gente compró sus libras para prepararla asada, sudada, al horno, frita y en todo tipo de presentación. En la mesa de las familias no podía hacer falta el trozo de falda, cadera o el corte de antojo. Las sopas de hecho llevaban, aparte de verduras, su buena dosis cárnica al igual que los soñados y espectaculares sancochos.

Revisando el consumo per cápita de carne de vaca nos encontramos con un indicador de 18,6 kilos en 2019, en 2018 el dato fue de 18,1 kilos, un avance, pues dos años atrás la ingesta de este tipo de proteína se ubicaba en 10,2 kilos. En 2021, un año complicado por la pandemia y la crisis logística, los registros no fueron tan halagüeños y el consumo bajó a 17,3 kilos en promedio, ello explicado en precios altos de la carne, un paro extenso que afectó la distribución y unos insumos para la ganadería que impactaron la canasta al productor. No sobra decir que, en 2020, el año más duro del Covid-19, ese consumo estuvo en niveles de 20,1 kilos por habitante.

En los últimos meses el precio de la carne ha sido noticia, no podemos pasar por alto el dato suministrado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, en el que precisa que entre enero de 2014 y septiembre de 2021 el incremento de los precios alcanzó el 27,03 por ciento. La situación se ha agudizado en los últimos días y por eso las amas de casa y los restaurantes están viendo con dificultad servir el plato del día con un pedazo de carne, de hecho, algunos ven la proteína como un artículo de lujo del cual se han apartado, pues muchas familias consultadas por este medio confirmaron que no comen carne desde hace mucho rato, un reporte nacional.

Ismael Pimentel

Ismael Pimentel es un expendedor de carne del barrio La Estrada en Bogotá, el mismo que madruga al matadero en busca del mejor ganado para abastecer a su reducida clientela en esa conocida localidad, Barrio Unidos. El regreso es tortuoso porque el volumen de carne que vendía hace unos días, no es el mismo, un lastre que debió soportar en 2020 y 2021, los años del Covid-19.

La carnicería de don Ismael tiene un reporte que alarma a cualquiera, sus ventas de desplomaron a niveles del 40 por ciento, una situación compleja porque el menor consumo implica que el negocio ya no es rentable, tan así que ya está pensando, como otros expendedores, cerrar el negocio porque no cubre sino el arriendo del local y en algo el sustento de su hogar.

“La gente ya no está comprando carne de res como lo hacía antes y el tema tiene su razón de ser porque el kilo de pulpa se adquiere en matadero a 20.000 pesos, un lío considerable, puesto que al cliente el precio llega más alto. Para uno ganarle algo al producto debe vender la libra a 12.000 pesos cuando el corte es cadera, bola o pierna. El churrasco sale a 15.000 pesos la libra, pero lo apremiante es que a un novillo no se le está ganando casi nada, sin duda los expendedores nos estamos viendo perjudicados con esta escasez”, afirmó el señor Pimentel.

La situación de los negocios de barrio en donde se vende carne al público no es la mejor y por eso varios carniceros están haciendo cuentas con calculadora en mano para decidir si adelgazan el negocio, si replantean la venta o si en definitiva lo cierran, a la fecha la única opción sensata porque la utilidad se perdió hace rato.

Pimentel repisó que el negocio dejó de ser rentable, ya que tan solo aporta lo de cubrir el canon de arrendamiento y un excedente mínimo para medio comer. Hoy el escenario de este expendedor es de plena angustia, su trabajo migró a la supervivencia, teniendo en cuenta que paga arriendo en donde habita y asume los gastos que demanda la familia, lo cual incluye la educación de su hijo, una erogación considerable que no es factible con los despachos de carne, porque la gente no está comprando proteína, la tienen a raya por su elevado costo.

A los expendedores les dicen que el mayor precio es la consecuencia de unas exportaciones que siguen creciendo, pero al ver los números, el asunto está por otro lado, una carestía que llegó por falta de inversión y atención al campo, lo cual incluye la ganadería.

Actualmente los precios de la carne dejan ver un repunte considerable, la libra de cadera que costaba 9.500 pesos pasó a 12.000, el churrasco que se compró a 11.500 pesos se consigue a la fecha en 15.000 o 16.000 pesos la libra. La carne utilizada para los sudados que estuvo en 8.500 pesos vale hoy 11.000 pesos, la rica punta de anca que costaba 9.500 pesos se fue a 12.000 pesos.

La gente de los suburbios y las poblaciones se resiste a vivir sin su alimento diario y por ello busca en carne los cortes más económicos que dejaron esa condición desde hace un buen tiempo, en ocasiones llegan con un presupuesto y piden 2.000, 5.000 o 6.000 pesos de carne, algo debe darle el toque de distinción al almuerzo o sabor a la sopa.

Precio del ganado subió por encima del 50 por ciento, Friogan

Friogan es una de las empresas colombianas más importantes del sector ganadero la cual se dedica al sacrificio, desposte y empaque de bovinos. Esta firma cuenta con plantas de beneficio y corte en los principales centros de producción de vacunos y tiene como objetivo de negocio, ser el mejor aliado estratégico para el desarrollo integral de la cadena cárnica y del sector ganadero del país.

Carlos-Roberto-Patiño

En plática con Diariolaeconomia.com, el Gerente de Frigoríficos Ganaderos de Colombia S.A, Friogan, Carlos Roberto Patiño Largacha, anotó que definitivamente se ha presentado un importante aumento de precios en la carne, un factor que está directamente relacionado con el valor del ganado. Explicó que para el año 2021 hubo un ajuste al alza en las cotizaciones de los bovinos que superó el 50 por ciento, es decir que en enero de ese año el kilo en pie para sacrificio había llegado a niveles de 25 .800 pesos, Lo cierto es que la carne subió 53,8 por ciento entre diciembre de 2020 y el mismo periodo de 2021 hasta ubicarse en 38.409 pesos en promedio por kilo.

La trepada en los precios de la carne, aseveró Patiño Largacha, obedece a varios temas dentro de lo que se suman los costos de los insumos, dejando claro que, en la proteína bovina, las explotaciones se hacen básicamente con pasturas, de todas maneras, apuntó, han subido los medicamentos veterinarios, combustibles y algunos elementos para la actividad ganadera.

Los vacunos no son tan dependientes como otras crías de especies menores, como cerdos o aves de corral que tienen ejercicios totalmente atados al precio internacional del maíz o de bases alimenticias que deben ser importadas.

“En este caso el precio de la carne de una u otra manera ha sido impactada por el costo de los insumos, pero en su gran mayoría empieza el aumento importante en los valores al público por los paros y bloqueos que generaron un proceso de especulación, en donde jugó un papel trascendental la cadena de intermediación y comercialización que forjó la mencionada ganancia, ya que todavía no hay una articulación muy fuerte entre productores de carne y los negociantes de ésta. Es de tener en cuenta que hay un número importante de monopolizadores que fomentan acaparamiento y distorsión en el mercado”, manifestó el señor Patiño Largacha.

En segundo lugar, expuso, el inventario ganadero puede responder medianamente para el abastecimiento y el consumo interno, pero hay una afectación por el crecimiento de la dinámica exportadora de animales en pie, un factor que analizado desde el punto de vista exactitud en cifras, no es tan traumático porque se trata de 264.107 bovinos de un hato ganadero amplio que no justifica bajo ningún parámetro las alzas de hoy por escasez de oferta. El despacho de rumiantes en pie para el exterior, si bien no impacta el valor, si conlleva a un problema muy grande de especulación de precios.

Reconoció que, al mirar con atención todas las aristas del sector, la oferta ganadera en efecto se ha visto disminuida, no solo por el tema de las exportaciones de bovinos en pie, sino por asuntos climáticos que entorpecen la producción y por una tendencia global que está ajustando al alza la proteína animal en todo el mundo, verbigracia las demandas crecientes de China y otros países que han presionado la curva de precios hacia arriba.

El Gran problema, anotó el Gerente de Friogan, es que la carne de res en Colombia ha crecido más que la de otras latitudes en vista que el país tiene un aumento del IPC de la carne para el año 2021 sobre el 30 por ciento y pese a que el mercado a gastado más en proteínas, el incremento de los precios al consumidor ha repuntado por encima de la demanda de la población, luego en el caso local, existe el problema en donde el impacto más grande está determinado por las cotizaciones del ganado. Patiño precisó que no se trata de un problema en donde los intermediarios en la comercialización de la carne, bien sean los expendedores, grandes superficies o todos los sistemas de venta, estén ganando más o acumulando las gruesas utilidades, propiciando mayores costos en la proteína vacuna. En su análisis y amplio conocimiento, el precio de la carne se disparó porque igual se fue al alza el valor del ganado en pie.

Fórmulas mágicas no hay, debe haber un trabajo en cadena

Amén del problema, el tema no se corrige con la expedición de medidas a corto plazo, puesto que a criterio de Friogan, a cada uno de los eslabones de la cadena cárnica les corresponde poner su grano de arena para que el mercado funcione. Estimó determinante que el sector productivo o primario haga un esfuerzo en las mejoras de sus parámetros de obtención, es decir optimizar la genética, la labranza de alimentos para los bovinos, corregir y optimar sus pasturas, pues bien, lo dicen los expertos, es mejor ser primero agricultor antes que ganadero, ello para garantizar una adecuada siembra, cosecha y provisión de forrajes, de una comida que implique buenas conversiones, totalmente apalancadas en nutrición.

Patiño Largacha recalcó que el sector primario debe aumentar sus variables o indicadores productivos, mejorar los índices de natalidad, disminuir la mortalidad, afinar todo el trabajo genético, optimizar los parámetros de ganancias de peso en los predios.

Otro desafío está en las manos de las plantas de beneficio o transformadores que deben con mucho compromiso jugar un papel muy importante en articular la cadena de abastecimiento de animales, más sencillo, unir al ganadero con el comercializador, acortando el relicario de intermediación existente.

“Necesitamos una política de Estado muy concreta para el desarrollo de la ganadería y de la cadena cárnica. Se dispara mucho para todas partes, pero no podemos seguir canibalizando las exportaciones de carne con despachos al extranjero de ganado en pie, resulta aconsejable tener claro el panorama de cómo incentivamos la cría de bovinos para carne, igual de qué manera animamos los programas de desarrollo productivo, por medio de créditos reales de fomento, a través de transferencia de conocimiento, asesoría técnica y ver cómo profesionalizamos con mayor ahínco la producción de carne. Es cuestión de trabajo y compromiso. Se puede apreciar que cada eslabón y parte tiene una tarea por hacer y eso en el mediano plazo empieza a arrojar sus frutos, como tener más oferta de carne para el consumo, una labor que de alguna manera estabiliza los precios”, señaló Patiño.

Agregó que Colombia es un potencial exportador de carne, un jugador importante en el mercado, pero el Gerente de Friogan reconoció que el país con todo y sus avances no tiene acceso a destinos de alto valor, por lo que de una u otra manera los envíos de reses no son un tema que debería por sí mismo, presionar la extracción de ganado de tal manera que se aumenten los precios en las magnitudes actuales.

Añadió que los ganaderos hoy están contentos porque tienen unos precios altos, pero expresó que en ese proceso en el que los criadores han subido el valor de sus animales, tampoco han sido tan conscientes de hasta donde se puede presionar el ajuste al alza de los costes del ganado para poder seguir siendo competitivos en el consumo de la proteína a nivel doméstico, pero igual condición con precios internacionales. Recalcó que cada eslabón tiene que poner lo suyo y que el mercado con la inherente ley de oferta y demanda, genere unos movimientos de precios.

El directivo dogmatizó que en la medida que el sector productivo genere más oferta de ganado en pie, más requerimiento de carne tendrá Colombia. Seguramente, indicó, habrá mayor capacidad de que los precios se regulen por cuenta, simplemente, de los mandatos del mercado.

Por otro lado, expuso el Gerente de Friogan, definitivamente el poder adquisitivo de los colombianos también determinará que los nacionales puedan consumir más carne o no. Dijo que en la medida en que mejore el ingreso de las personas, consecuentemente crecerá la capacidad de consumo de carne.

Un temor que existe con altos precios en la carne es que los consumidores dejen de lado su demanda y busquen alternativas alimentarias. Lo cierto es que todas las proteínas de origen animal como bien lo explicó Friogan experimentaron carestía, una tendencia global tal y como pasa con los cerdos y la carne aviar, incluyendo los huevos, todo por la disparada de los fletes, rompimiento en la cadena internacional de suministro, tasa de cambio y un sobreprecio en los insumos y concentrados.

La carne, afirmó Patiño, ha tenido un alza mucho más relevante que las demás proteínas, y siempre, en la medida que las personas vean que un producto es más barato, seguramente éste será un alimento sustituto de la carne de res, con seguridad la proteína preferida por la población. Con precios al alcance del bolsillo, el pollo, por citar un ejemplo, suplirá los cárnicos de procedencia bovina.

Ruralidad urge de una política de Estado para el campo y la ganadería

Colombia es un país de diferencias y cuestionamientos esencialmente en lo que tiene que ver con el manejo económico, quizás es por ello que muchos hablan del desgaste del modelo económico que arrasó con empresas y en buena medida con el sector primario, un error garrafal que hoy pasa factura pues fue más sencillo acabar las siembras, destruir el empleo rural e importar cerca de 14 millones de toneladas de alimentos, a la fecha sumamente costosos por logística y tasa de cambio, un tiro en el pie que dolió después de 30 años, cuando todos pensaban que nada iba a pasar, craso error de cálculo.

Sobre la cruda realidad de la economía rural, Carlos Roberto Patiño Largacha, expuso a título personal que quienes han vivido del campo ven un problema demasiado complicado y es que la capacidad de un país como Colombia para producir alimentos es inmensa, solo que hay un alejamiento alarmante de profesionalizar producción y las mismas exportaciones.

 

“Aquí hay un tema bien interesante sobre los productores y la hoja de ruta que deben temer para optimizar sus explotaciones, llevarlas a un campo de innovación, conocimiento, buenas prácticas agrícolas y ganaderas, todo dentro de un marco empresarial. Claramente hay unas ventanas abiertas a la importación de productos provenientes de unos países que profesionalizaron su agricultura, propietarios hoy de mejores parámetros productivos razón por la cual venden alimentos a precios más bajos, toda una realidad, pero Colombia tampoco supo aprovechar el universo de tratados de libre comercio para tener reciprocidad en la importación y exportación de obtenciones agropecuarias.

Tenemos un TLC con Estados Unidos en donde los aranceles están bajando casi a cero para la importación de proteína y el país no ha sido capaz de exportar un kilo de carne a Norteamérica porque tenemos un problema, quizás por los brotes de fiebre aftosa por el cierre de las puertas desde el punto de vista sanitario, pero hay que seguir adelante, levantar la consciencia, mover los mecanismos políticos y financieros para que la gente tenga un motivo para seguir produciendo”, aseveró Patiño.

El Gerente de Friogan anotó que con los altos precios del ganado se despertó la necesidad de producir más, porque cuando el mercado reacciona de esa manera, el productor se motiva, mejora sus variables y promueve más la actividad de cría bovina, un ítem bastante interesante que hace pensar que en el mediano plazo Colombia tendrá una ganadería muy fuerte y más poderosa, con incentivos estimables para producir y ofrecer más vacunos porque si algo le sobra al país es potencial exportador, pues definitivamente hay espacio para tener explotaciones sostenibles.

El tema, consideró Patiño Largacha, es aprovechar la biodiversidad, la geografía y la capacidad que acredita Colombia para producir, generando abastecimiento local y oferta exportable de calidad. Dijo que hay países en el hemisferio con unos desarrollos ganaderos significativos como Uruguay, Argentina y Brasil, todo porque han contado con sólidas políticas de Estado para promover la producción agropecuaria a gran escala.

“Aquí estamos un poco ambiguos porque queremos exportar mucho, pero en medio de grandes dicotomías, en vista que no sabemos si despachar carne, animales en pie sin valor agregado, en síntesis, nos hace falta una verdadera política pública para promover una ganadería dinámica, mejorada, prospectiva y sostenible, una ganadería que, según registros de Fedegan, puede tener un rebaño cercano a los 30 millones de cabezas”, concluyó el Gerente de Friogan, Carlos Alberto Patiño Largacha.

*Tomado de: https://diariolaeconomia.com/notas-de-la-finca/item/6889-altos-precios-de-la-carne-tienen-penando-hogares-y-carnicerias.html

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