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2022, un año retador y de grandes pruebas para el campo: Fedearroz

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Diario La Economía

El precio de los insumos seguirá al alza por la infortunada prolongación de la crisis logística internacional que tiene de rodillas al mundo entero por inflación. Habrá cambios productivos con bases competitivas.

Al finalizar el primer mes de 2022, el escenario económico global y local sigue siendo complejo, cargado de incertidumbre y sin certeza en varios frentes. Los habitantes del planeta siguen pagando alimentos costosos, pero igual productos básicos, insumos agropecuarios, bienes de capital y manufacturas. En síntesis, el mundo no solo se encareció, también enloqueció, como suele pasar, una cosa lleva a la otra.

En el campo las cosas no son distintas, en países como Colombia que importa la mayoría de alimentos, inclusive masivamente los que tradicionalmente produce, el entorno es alarmante, porque al haber menor producción agrícola, la dependencia de los suministros importados es mayor, exponiendo, tarde que temprano una población puede entrar en un ambiente de crisis, desabastecimiento y hambre, cuando no, a pagar mucho más por lo que anteriormente se compraba a menor valor, como quien dice el millón de pesos al que llegó el salario mínimo para la vigencia 2022, con devaluación, inflación, importaciones y servicios públicos, ya se esfumó, una felicidad efímera y un triunfo a todas luces pírrico.

Colombia está a las puertas de unas elecciones presidenciales en donde se abre el debate sobre los cambios que debe experimentar el país para dejar el mundo fantástico de Alicia en el país de las maravillas, un contexto delicado porque la nación se enseñó a vivir mal, en medio de tragedia, corrupción, violencia y cada vez menos futuro, de ese encantador mundo mágico, tan solo abundan, y hay que reconocerlo, los conejos gigantes que le hacen al electorado cada cuatro años. Es increíble, pero después de 1957, por usar un referente en la historia, Colombia perdió el concepto de rentabilidad, dignidad, tranquilidad y probidad. Con el malévolo trueque de mando, con ese yo con yo malsano, y con una exclusión desbordada que llegó a niveles injustificados, los gobiernos terminaron legitimando inconformismo, abandono e ignominia en los campos, un problema que pedía soluciones y que recibió, en respuesta, una sobredosis de desdén, desprecio y poco valor por la ruralidad, el resultado, fincas convertidas en condominios, hectáreas abandonadas, miseria, luto y una perspectiva endeble.

Pasamos de los años 50 a los 60, hubo algo de calma en los 70, cuando aún la agricultura era notoria, vivimos la dura década pérdida y violenta de los 80, parte de un país horrorizado sobrevivió a los vejámenes de los 90, pero no tuvo blindaje para el cambio de modelo económico y terminó en la ruina con la apertura económica de 1991. Desde ese año y luego con la globalización y los TLC, los colombianos vendieron haciendas, cerraron fábricas y sacaron personal, pero eso no importó porque estábamos en la moda global, con hambre y bancarrota, pero como el Rinrín renacuajo, orondo y “chupa de moda”, solo que, con el tiempo, el mercado nos dijo “chupe”.

Es un momento muy complejo para el campo, porque los productores, los pocos que quedan, están enfrentando momentos y desafíos terribles, lo cual involucra costos, clima, mercado, pandemia, proceso electoral y la carencia de una política estatal agraria sólida que garantice sostenibilidad.

Rafael Hernández Lozano,

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el presidente de la Federación Nacional de Arroceros, Fedearroz, Rafael Hernández Lozano, aseguró que el 2022 trae retos muy importantes porque con los elevados precios de los insumos, surge una tasa de cambio en niveles de 4.000 pesos, un apuro en el transporte internacional de carga que dificulta la llegada de materias primas y la producción de fungicidas, herbicidas, así como de fertilizantes.

Según el dirigente gremial el desafío está en obtener, reduciendo al máximo los costos de producción, una labor posible utilizando en menor proporción abonos y otros productos químicos específicos para la agricultura, hoy de alto costo, de alguna manera retomar la antigua usanza con prácticas orgánicas y limpias o acudiendo, para el caso de Colombia, a un activo competitivo de gran valía e inmejorables resultados, el programa de Adopción Masiva de Tecnología, AMTEC, propuesta de Fedearroz, que consiste en un sistema de producción que lleva a utilizar menos insumos, menor cantidad de semillas, alta eficiencia en el manejo del recurso hídrico o riego, ya que se usa entre 42 y 45 por ciento menos de agua.

El programa es el instrumento que demanda la agricultura, porque en solo insumos el ahorro oscila el 35 o 40 por ciento, en fertilizantes el impacto es del 25 por ciento, una menor cantidad que significa menos inversión, mayor eficiencia y palpable rentabilidad.

“En el campo hay soluciones a la mano, es tan solo racionalizar los productos, utilizarlos en menor proporción, bajar costos y llegar por la vía más adecuada a la competitividad. Este año será bastante difícil porque pese a que el precio del arroz ha reaccionado, dejando claro que siempre se mueve a comienzos del año, hay que esperar a que haya un Consejo Nacional del Arroz, el próximo se realizará en febrero, para poder sentarnos todos los eslabones de la cadena, el ministerio de Agricultura, los productores, industriales y los representantes de los agricultores con el fin de discutir el tema, continuar con el ordenamiento a la producción, propuesta del ejecutivo desde hace dos años, y así saber saber cuántas áreas se deben sembrar y determinar la cantidad de toneladas a producir para abastecer el país”, apuntó el presidente de Fedearroz.

Agregó que en ese sentido hay compromisos del Gobierno de importaciones de Ecuador y Perú. Aclaró que la noticia recientemente destacó la exportación de 31.000 toneladas de arroz de Ecuador a Colombia en las postrimerías del año, no obedece a la realidad, porque al constatar registros de la DIAN, ministerios de Agricultura y Comercio, como también otras instancias, la cifra es exagerada, pues tan solo llegaron a finales del año anterior 11.000 toneladas del cereal de origen ecuatoriano.

Recalcó que es urgente llevar a cabo el Consejo Nacional del Arroz para que surja un acuerdo entre Gobierno, productores, industriales y todos en la cadena para regular la producción y evitar con ello que haya excedentes que terminen bajando los precios al agricultor.

Hernández dijo que no es un año fácil, reconoció que en temas de economía agropecuaria el tema será complejo por los altos costos, pero igual por la variación climática inesperada y que hace incierto el devenir de las siembras, no solo en arroz sino en todos los alimentos. Sostuvo que todo es incertidumbre, porque no hay certeza si el 2022 será un año seco o intenso en lluvias, ahora llega súbitamente un Niño o una Niña, impactando los rendimientos y el contexto agrícola, haciendo la situación sumamente embarazosa.

Toda esa incertidumbre, dijo Hernández Lozano, podría quedar despejada en marzo, tiempo en el que comienzan las siembras y las mismas lluvias en la mayor parte del país. Informó que actualmente en los Llanos Orientales hay una intensa sequía, pero algo de lluvias en el centro del país, todo insuficiente para poder decir que habrá un buen ambiente para plantar, ya que los ríos no tienen el caudal y el agua no abunda en las afluentes para iniciar las labores de riego.

Los cambios en la agricultura son inaplazables

La pandemia y la dificultad logística hicieron que tomarán mayor velocidad los cambios en la manera de producir los campos y por ello términos como competitividad, ahorro, eficiencia, precisión y rentabilidad van de la mano en medio de problemas en transporte, clima y comercialización. Con AMTEC, reiteró Hernández, Fedearroz ha buscado una producción más eficiente y mucho más limpia, amiga del medio ambiente, un sistema que baja costos hasta alcanzar niveles de producción más voluminosos, totalmente viables a la hora de competir.

Este mecanismo, AMTEC, demostró su eficiencia, ya que desde antes de la pandemia y de dispararse el precio de los insumos, los agricultores habían alcanzado unas mejoras abismales, a tal punto que llegaron a producir muy por debajo de los 300 dólares la tonelada de arroz paddy seco, casi que en el campo generalizado de la competitividad, pero el directivo comentó que con cargo al bajo precio que registró el cereal el año pasado, llegó una tremenda incertidumbre la cual vino acompañada de asuntos logísticos globales porque los insumos siguieron subiendo y la agricultura como un todo se encareció.

A todo lo anterior se unió la perplejidad a la que conlleva el proceso electoral pues Colombia elegirá Congreso y Presidente de la República, un factor que conduce por senderos de inseguridad al agricultor, elemento trascendental a la hora de tomar decisiones frente a su negocio y las contingencias por llegar. El año, indicó, está atiborrado de retos y dificultades, pero finalmente el arrocero, enfatizó Hernández, ha sido un agricultor valiente, capaz de sortear todas las crisis en vista que no es la primera a la que se enfrenta. Destacó trabajo, compromiso, voluntad y profesionalismo en los labriegos, unos componentes que ayudan a ponerle con arrojo el pecho a la brisa, un asunto para mostrar porque hay fortaleza en la unión, en la consolidación de gremio y optimismo, todos elementos positivos e inherentes a los productores, vitales para que el cultivo de arroz permanezca.

Aseveró que Fedearroz está haciendo una importante oferta tecnológica con las nuevas variedades, con AMTEC, los revolucionarios sistemas de riego y otras soluciones, una serie de actividades y avances que sumados conllevan a mejorar la competitividad y a reducir los costos de producción.

La realidad del mundo obliga a sembrar y a no a importar

Hay una pregunta suelta en el ámbito agropecuario y es ¿quién está importando arroz, leche, papa o cualquier alimento con la tasa de cambio de hoy? A las inquietudes se le agregan muchos más como por ejemplo ¿están cuerdos? ¿Son negocios pulcros? ¿Hay supervisión?, en fin, es un relicario que desprende de un solo interrogante.

Con un dólar cercano a los 4.000 pesos, cualquier transacción de compra en el exterior es imposible, caso opuesto con las exportaciones que están dejando la economía en una posición satisfactoria, puesto que son operaciones rentables, generadoras de empleo y una vía directa al desarrollo.

“Esas importaciones no deberían ser, además hay que reconocer que, durante el año pasado y el antepasado, el producto alimenticio que más contribuyó a disminuir el indicador de inflación fue precisamente el arroz, el alimento que menos ha subido de precio. Tendrá que subir en esta vigencia como ya está ocurriendo en el mercado, ya que de no ajustarse al alza, el agricultor no podrá costear la producción y eventualmente no sembraría, luego debe haber un repunte en precio como se ha visto en todos los alimentos a nivel mundial, habida cuenta que la crisis a la que llevó la ruptura en la cadena de suministro, disparó las tarifas de los fletes, hizo trepar a valores increíbles las materias primas en China, India, Estados Unidos, Europa, y en la totalidad del globo. Con todo ese escenario, reitero, el arroz evitó que el costo de vida no fuera más traumático porque estamos hablando de un alimento esencial en la canasta básica”, manifestó Hernández Lozano.

En opinión del presidente de Fedearroz, el tema en agricultura es claro y está orientado a lograr el punto de equilibrio en producción y costos, hasta alcanzar una utilidad razonable para el productor que le permita seguir en la actividad arrocera, generalmente caracterizada por hacerle frente de manera recurrente a las dificultades, a las crisis, todas expresadas en precio, costos y clima.

Según Hernández, hay países de la región como Brasil y Perú que lograron crecer en agricultura por el apoyo y apalancamiento financiero, un tema que si bien se dio en Colombia, requiere de largo plazo y muy bajas tasas de interés para que el agricultor pueda invertir y dotar su finca de los equipos que un campo altamente productivo demanda, para el caso del arroz con el secamiento y almacenamiento de la cosecha, ya que la mayoría de la producción, aproximadamente el 60 por ciento, se hace bajo el esquema de secano con una estacionalidad muy marcada en las siembras, en los meses de abril y mayo, empero, igualmente en las recolectas de agosto y septiembre.

A criterio de Hernández Lozano, una solución afortunada sería, haciendo distritos de riego para que se pueda sembrar en las zonas de secano del segundo semestre, o simplemente que haya los suficientes créditos para el agricultor y así permitir que éste pueda almacenar y secar su cosecha, evitando que deba entregarla en el pico de la recolecta, un momento en el que los precios se caen.

En agricultura, y se ha dicho hasta el cansancio, debe haber dos ganadores, el agricultor y el consumidor, algo que se logró con el Instituto de Mercadeo Agropecuario. IDEMA. Hoy la intermediación sigue impactando la cadena arrocera, una acción que dificulta el mercado, porque a mayor número de agentes de comercio para llegarle al consumidor, mayor es el precio para el último. Tan inoportuna es esa situación que en algunas ocasiones se ha presentado especulación, dejando claro que no es un hecho de hoy, pero sí un evento que se ha visto.

“Entre más intermediación haya, más caro es un producto, pero la verdad es que el agricultor debe tener la oportunidad de poder guardar la cosecha en época de sobreoferta, o por lo menos una parte de ella y poderla vender cuando pasen los picos, el instante en que los precios mejoran, algo válido para el arroz, el maíz, soya y granos en general, un procedimiento normal como ocurre en Argentina, Brasil o Estados Unidos, países en donde claramente el agricultor tiene la opción de almacenar su producción y venderla cuando los precios reaccionen, pero para eso necesitamos crédito a largo plazo porque los equipos se secamiento y los silos siempre tienen un costo elevado, más ahora con la tasa de cambio y las dificultades que hay en el mercado internacional por asuntos relacionados con logística, de todas maneras allá tendremos que llegar”, declaró el señor Hernández Lozano.

Expuso que la Federación construyó unos molinos para darle posibilidades al agricultor de procesar su arroz y venderlo en blanco, algo que no es comparable con otras estructuras productivas gigantescas, simplemente un punto de aprendizaje para que el labriego conozca y sepa cómo llegar con su arroz hasta la etapa final que es la comercialización. El principio de la iniciativa subrayó, es que el agricultor pueda secar y guardar su arroz por un tiempo, un par de meses, mientras pasa la cosecha y el precio toma mejor dinámica, algo que cómo se dijo es admitido en todos los granos que suelen tener estacionalidad marcada y que requieren de alguna oportunidad en el comercio con el fin de que el agricultor no entregue su trabajo como ocurre casi todos los años en todos los productos.

Futuro presidente tendrá como reto revisar los TLC

Por filosofía, convicción o sentido común, quien llegue a la Casa de Nariño en calidad de Presidente de la República tiene un desafío perentorio, revisar los tratados de libre comercio porque no fueron negociados de manera justa y por el contrario expone a los agricultores e inclusive a las empresas de otros sectores a abandonar sus atávicas labores.

Los TLC, expresó Hernández Lozano, siempre han perjudicado la agricultura, puesto que generalmente el comodín de dichos convenios suelen ser los granos o commodities provenientes del campo casi que de manera especial. Lamentó que un renglón tan importante en la agricultura como el de cereales, resulte sacrificado como aconteció con la CAN y acuerdos comerciales como el rubricado con Estados Unidos, reconociendo que se logró una negociación aceptable con desgravación a 19 años y el sostenimiento del arancel que se tuvo con la Organización Mundial del Comercio, OMC.

El campo, acentuó el presidente de Fedearroz, ha salido afectado con los TLC debido a que mientras haya obligación de Colombia de recibir arroz o productos agrícolas de otros países que llegan con alto grado de subsidio como acontece con Estados Unidos, la diferencia competitiva es y será brutal, ni más ni menos que pelea de tigre con burro amarrado, algo muy difícil de superar porque siempre en las negociaciones se ha inmolado el arroz, también el maíz y otros productos para llevarles beneficios a los sectores productivos exógenos o locales con altos grados de consideración.

“Los TLC deberían facilitar compra de maquinaria y tecnología, pero no arrebatarles el mercado a los países en vía de desarrollo que viven de su agricultura, que han ganado merecidamente y a fuerza de trabajo, terreno en la oferta local de alimentos y otros bienes. Es injusto y deben revisarse dichos acuerdos, porque Colombia tiene rezago en vías terciarias, el campesino sobrevivió con trochas, mulas y jumentos, algo que aún está muy vigente. Los países con alto grado de desarrollo, antes de ir a una mesa de negociación, tendrían que observar el grado de desarrollo, las opciones para los lugareños, pero no firmar ventajas por firmar, ya que eso lo que hace es parrandearse al labriego, el que a duras penas puede sacar producto en medio de tragedias sociales, económicas y de orden público”, precisó Hernández.

Anotó que los productos nombrados son precisamente la base de la alimentación de los colombianos, algo que demanda un manejo especial y que hace pensar en unos retos que los candidatos se han planteado, pero nunca han llegado a feliz término porque perennemente hay ciertos sesgos a favor de algunos sectores económicos que siempre han ido en contra de la agricultura.

A Colombia no le puede quedar grande reactivar el campo

Hernández Lozano agregó que es urgente repensar el país sobre la base del campo y una economía rural potente que garantizará, con el debido espaldarazo, ingresos, así como seguridad y soberanía alimentaria. El precario trato al campo ha hecho que el agricultor o sus hijos abandonen las fincas y por eso la mayoría de los productores superan los 50 o 60 años. Muchos optan por la ciudad con algún desencanto por la economía campesina, todo un revés en relevo generacional, porque esos jóvenes deberían reemplazar a padres y abuelos en el negocio de la agricultura que para esos fines debe ser atractivo y lucrativo.

Señaló que toda esa carencia en política agraria ha hecho que los productores del campo migren a los grandes cascos urbanos en busca de mejores oportunidades, dejando al garete la siembra y todo tipo de actividad agropecuaria que signifique abastecimiento, empleo y progreso, aprovechando esa condición especial que tiene Colombia en el sentido de poder ser una gran despensa, la séptima u octava, para el mundo por el acopio de tierras y riqueza hídrica, todo dispuesto para aumentar la frontera agrícola.

Insistió que un caso a replicar es Perú, que con la construcción de distritos de riego y las facilidades que les dio a sus productores, alcanzó un grado de desarrollo rural admirable, garantizando provisión, empleo y generando oferta exportable. Igual sucedió con Brasil y Argentina, naciones agrarias que supieron sacarle provecho a las bondades de la tierra, todo porque hubo un cambio en las prioridades de los gobiernos que para el caso de Colombia deben ser en favor del campo y de la agricultura.

“Hoy tenemos un país lleno de ignominia, de cultivos ilícitos y saturado de problemas de seguridad que aumentaron las estadísticas en violencia y pobreza en la ruralidad. Colombia “tiene que poder” superar esos problemas, el progreso no amerita más plazos o dilaciones. Hay desafíos, sí, muchos, pero nosotros no podemos ser inferiores a los compromisos que tenemos para salir adelante”, concluyó el presidente de Fedearroz Rafael Hernández Lozano.

*Tomado de: https://diariolaeconomia.com/notas-de-la-finca/item/6850-2022-un-ano-retador-y-de-grandes-pruebas-para-el-campo-fedearroz.html

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