Inicio Nacional Alimentación

Alimentación

59
0
Compartir

Foto/YouTube

INCI en El Espectador! | Instituto Nacional para Ciegos

El documento final de la reunión de Glasgow sobre la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto de invernadero (GEI) no hizo mención explicita sobre el impacto del modo de producción agrícola ganadero en el calentamiento global.

No debe plantearse una política de disminuir o estabilizar la producción agrícola en un mundo en el que crece la población y una parte de ella no tiene acceso a los mínimos requerimientos de calorías y proteínas que garanticen su desarrollo y salud. Deben buscarse cambios en la composición de la dieta y modificaciones tecnológicas que disminuyan el aporte de GEI. Tampoco es viable proponer modelos que nos obliguen a todos a ser veganos o vegetarianos. Cada vez es más claro el papel del metano (CH4) en el calentamiento global: la emisión de 1 m³ de CH4 tiene un efecto similar a 100 m³ de CO2.

La ganadería y la agricultura producen el 27 % de CH4 antrópico; además, la producción de fertilizantes, el protóxido de nitrógeno, el transporte, la refrigeración, etc., determinan que la contribución al calentamiento global sea del 25 % (Pepa Úbeda), el doble del impacto que tiene el sector del transporte. Si a lo anterior se agrega la deforestación para aumentar las sabanas ganaderas, casi la tercera parte del calentamiento atmosférico es atribuible al sector de alimentos. Un producto que puede fácilmente modificar la emisión de CH4 es el arroz. Hoy el aporte de GEI es la mitad que el de la ganadería. Ir modificando la producción de arroz en tierra inundada por arroz secano reduce sustancialmente la emisión de CH4, gas de los pantanos. La producción de carne de res es la mayor contribuyente a las emisiones de CH4. Cambiar las técnicas de estabulado y modificar su participación en la dieta contribuye a reducir la huella de carbón. El 83 % de la superficie agrícola mundial se usa para ganadería y esta produce el 18 % de las calorías y el 37,5 % de las proteínas. A pesar de las restricciones bíblicas para el consumo de la carne de cerdo, la producción de 1 kg de carne de cerdo emite ocho veces menos CH4 que 1 kg de carne vacuna, 1 kg de carne de oveja o cabro emite la tercera parte del metano que produce la misma cantidad de carne vacuna. El campeón en la reducción de CO2 equivalente es el tofu, el steak de los veganos, pues la carne de res emite por kilo producido 31 veces más GEI que el tofu (The Economist, oct. 2021). El pescado es una opción; sin embargo, la contaminación y la sobreexplotación ponen en riesgo su producción. En términos de GEI, 1 kg de pescado es cinco veces menor que uno de res.

En una columna estimé la huella de carbono producida por los langostinos cuando se realiza en estanques tumbando manglares. La destrucción de una hectárea de manglar emite 1.472 toneladas de CO2. Como el cultivo de los langostinos modifica las características del agua de los estanques, la vida media es de cinco años. Así un cóctel de 100 gr. de langostinos deja una huella de carbón de 150 kg de CO2, similar a la que produce un viaje en un carro familiar de 500 kilómetros.

La producción mundial de huevos emite menos GEI que la cosecha de caña de azúcar. Los médicos consideran que el consumo de azúcar no es benéfico, lo contrario ocurre con la ingesta de huevos.

Los consumidores pueden enviar mensajes a los productores de carne vacuna y arroz, los mayores emisores, para que modifiquen su huella de carbón. Existen tecnologías que lo permiten.

*Tomado de: https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/jose-fernando-isaza/alimentacion/

Compartir