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Sin abejas no hay futuro

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Foto/elespectador.com

EL ESPECTADOR (OCA-IDEA-UN)

Por: Yolanda Ruiz

Cuando un árbol florece y hay un ambiente sano, es fácil escuchar el sonido de un zumbido constante y permanente a su alrededor. Acercarse y ver a cientos de abejas trabajar de flor en flor es uno de los placeres sencillos que he descubierto en los últimos tiempos. Y uno de los dolores nuevos que me han llegado al tratar de vivir más cerca de la naturaleza es verlas morir en los entornos en donde los humanos han venido destruyendo su hábitat y el nuestro. Escuchaba esta semana a un cultivador del sur del Huila que contaba cómo se vio obligado a contratar personal para hacer a mano el proceso de polinización de su cultivo de maracuyá. Todo porque las abejas que lo hacían en la zona ya no están.

La polinización manual existe desde tiempo atrás y es una técnica de cultivo muy conocida, pero llama la atención la razón para acudir a ella en este caso: falta de abejas. Lo que la naturaleza hace gratis hoy tiene un costo económico y ecológico porque hemos venido atentando de manera recurrente contra el entorno que permite la vida. El 19 de agosto del 2013 la revista Time destacó la imagen de una abeja en su portada. Era una manera de llamar la atención sobre el riesgo que enfrentamos como especie por el proceso de desaparición de estos animales que son vitales para nuestra existencia. Han pasado más de siete años desde ese día y seguimos sin que este sea un tema de primer nivel en la agenda de los debates públicos. Algunos consideran que es asunto de “ambientalistas extremos”, pero es real, pasa en el mundo y pasa en Colombia en donde estamos reportando cada vez con mayor frecuencia la mortandad masiva de abejas en distintas regiones. Ambientalistas y biólogos advierten sobre lo que pasa, pero no cambiamos la manera de actuar.

No hemos entendido que no resulta sostenible la manera como estamos usando los agroquímicos. Conozco fincas en donde fumigan todos los días como parte del proceso rutinario de cultivo. Fumigan “por precaución”. Hay abuso de los venenos sin tener en cuenta que no solamente matan las plagas que amenazan un cultivo, también matan el entorno que se requiere para cultivar: los insectos, los pájaros y la misma tierra. Ni que decir de la salud de campesinos que se deteriora sin que lo noten porque se acostumbraron a convivir con el peligro y fumigan sin el mínimo cuidado. El ecosistema tiene un equilibrio que los humanos hemos alterado durante mucho tiempo y la naturaleza pasa factura.

Además de los agroquímicos hay otros riesgos para las abejas. Según un estudio reciente, hay por lo menos siete especies en riesgo por los cambios que se han venido presentando en el clima de algunas zonas del país. Lo que genera algo de esperanza es que ante el desastre hay gente que hace esfuerzos sencillos pero significativos para restaurar el equilibrio. Ya existe un emprendimiento que habría sido impensable hace unos años: alquilar panales de abejas para ayudar a los cultivos en zonas en donde no quedan abejas. Existe ya este proyecto en Cundinamarca.

El problema y las alternativas de solución tendrían que ser más visibles si tenemos en cuenta la enorme importancia de la polinización en nuestra alimentación. No es así, tal vez porque todo lo que tiene que ver con el campo es casi invisible. Como lo he dicho otras veces: no es sencillo darse cuenta de las tragedias que se desarrollan poco a poco y de manera silenciosa a nuestro alrededor. La muerte de abejas es una de ellas. Mueren millones y no lo notamos porque creemos que siempre hay más y que la naturaleza está ahí eternamente. Es como si creyéramos que la comida existe por arte de magia. Eso que hoy comemos lo produjeron campesinos y trabajadores esenciales, y si no los cuidamos a ellos y a los animales que son parte de la cadena ecológica un día nos vamos a sorprender no porque les toque a los humanos hacer el trabajo de las abejas sino porque no quedarán humanos para hacerlo.

*Tomado de: https://www.elespectador.com/opinion/sin-abejas-no-hay-futuro/

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