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En Colombia moriría más gente por hambruna que de Covid-19: ANUC

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Foto/diariolaeconomia.com

Diario La Economía

Los productores sostienen que el Gobierno no puede seguir confundido porque una cosa es el agro y otra muy diferente el campo de golf.

El primer mes de 2021 empezó a irse, la situación del mundo y desde luego la del país no ha cambiado, en el entorno productivo es perceptible la preocupación, la incertidumbre y la impotencia porque para el caso agrario no hay políticas que blinden la producción campesina, dejando el abastecimiento de manera equivocada en unos importadores que tienen cualquier interés, menos ver prosperar la ruralidad.

Los labriegos son muy directos y aseguran que el Estado hizo todo lo posible por atomizar el campo, reconocieron que la única política que mostró resultados fue la de arruinar las zonas de producción y fomentar pobreza, así como un peligroso riesgo de acabar con las siembras pensando que todo está en el mercado externo, pasando por alto que, ante una hambruna, absolutamente nadie saldrá de sus inventarios. Como ha pasado, sin comida nadie vive, pero la frase de los amigos de las compras exógenas es bien conocida, “de malas”.

Luis Alejandro Jiménez Castellanos

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el presidente de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, Luis Alejandro Jiménez Castellanos, aseguró que, en el caso de una hambruna, seguramente morirían más personas por inanición y falta de alimento que por Covid-19. Precisó que una situación de semejante calibre resultaría mucho más triste y aberrante por la incapacidad de poder producir las provisiones.

“La hambruna, si llega hoy, nos coge fuera de base, cobraría muchas vidas, todo por la imposibilidad de producir comida en suelo colombiano, una atmósfera deprimente y mucho más triste porque pudiendo hacer, no se hace y en un caso de esos, implicaría un mea culpa en varios sectores, empezando por el Estado y pasando una factura moral y cargo de consciencia en quienes acabaron con la ruralidad. El Covid-19 mata porque no tenemos medicinas contra el mal, pero en agricultura la excusa no cabe ya que tenemos las tierras y la manera de hacerlo, solo que no se dan las garantías estatales para que eso ocurra”, declaró el señor Jiménez Castellanos.

Al atender la invitación de este medio, el dirigente señaló que Colombia está en un S.O.S alimentario porque cualquier cosa puede suceder, salvo por la creatividad, el empuje y la capacidad de los campesinos y productores, advirtiendo que cada vez la producción será menos posible, un argumento sobre el que no cabe la menor duda. La agricultura nacional, ratificó, depende de la voluntad de Dios, más que de unas decisiones políticas del Gobierno porque sencillamente no se tienen.

La Asociación expuso que en medio de todos los errores y el olvido al que fue sometido el campo, aún hay tiempo de actuar y recomponer el camino porque de lo contrario, los años que asoman no son nada placenteros. Hoy la Colombia rural necesita voluntad y decisión, unas aptitudes que deben venir acompañadas de recursos porque indudablemente no hay otro camino. Planteó que los porcentajes deben ser fijos en los presupuestos nacionales para el sector de la economía campesina.

Hoy Colombia suma 1.6 millones de pequeños propietarios de tierra, pero en término de habitantes al tomar el censo de población, el número sube a 11 o 12 millones de personas en la ruralidad, de las cuales un 60 o 70 por ciento es población netamente campesina. Según las cifras, escribió la ANUC, no todos los que habitan veredas y labrantíos son campesinos, pues el número real de habitantes del campo sería superior a siete millones de colombianos.

Explicó que viendo los resultados que arroja la encuesta del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, que pasa del 22 al 31.8 por ciento, en ese escenario la población rural sería del orden de los 11 millones de habitantes netamente campesinos. Al hacer las cifras de habitantes de las áreas rurales, hay que tener en cuenta los venezolanos, la población flotante, procesos de colonización y pobladores rurales que hacen inversiones, siendo estos últimos, gente muy de la ciudad.

Con tristeza dijo que parte de la población rural la conforman grupos armados ilegales que viven en los campos. Destacó otros habitantes naturales como los indígenas y empresarios de la agroindustria, el turismo y otras actividades que estando en el campo no hacen parte de ese grupo social.

Agricultura, entre nostalgia, las acacias y el guayabo negro

Al mirar las cifras del sector primario, manifestó que la situación de los agricultores sigue siendo muy compleja y anotó que caso contrario, es desesperanzadora porque los efectos que se han tenido por cuestiones climáticas, lánguidos precios al productor, rentabilidad, importaciones y la misma pandemia, ha generado una desaceleración en la actividad productiva haciendo prever inconvenientes de gran calado porque un plan de reactivación estructurado, a la fecha, no existe.

“Hoy encontramos un altísimo porcentaje de campesinos en incapacidad de seguir cultivando porque perdieron la cosecha e inclusive hubo algunos casos de sobreoferta, asunto que condujo a pérdidas nada desestimables por el desplome de los precios. Eso pasó en frutales, pero igual en papa, plátano, mora, yuca y otros alimentos en donde al final del ejercicio el común denominador fue un saldo en rojo y un menoscabo en las finanzas de los productores. Hubo unas mermas económicas grandísimas y los campesinos no han tenido la posibilidad de acceder a nuevos recursos, haciendo que un número importante esté en dificultades con el sistema financiero por unos préstamos que no han podido pagar”, declaró el señor Jiménez Castellanos.

Agregó, la situación es bastante incierta ya que no se ve un plan donde permita esperar con optimismo la reactivación de la economía campesina. Aclaró que es factible que los grandes y medianos productores experimenten mayor dinámica por las exportaciones, una actividad que, con la mano del Gobierno, les puede generar mejores ingresos y sostenibilidad.

Recalcó que la economía campesina es una labor muy difícil e informó que los lugareños tienen puestas todas sus esperanzas en el resultado que arroje la aplicación de la Ley 2046 sobre compras públicas para tratar de evitar el abuso que se comete con la intermediación, que le paga mal al productor y les cobra más caro a las entidades.

Sobre ese particular la ANUC afirmó que hay una preocupación muy grande porque el decreto reglamentario que proyecta el Ministerio de Agricultura, formaliza nuevamente los intermediarios, aclarando que la ley fue tajante en el sentido que las entidades deben comprarles directamente a los campesinos o a sus organizaciones, pero el decreto en mención dispone que los oferentes que contratan las entes estatales están obligados a comprar el 30 por ciento de la producción, pero la asociación manifestó que el término inquieta ya que el mismo, se puede tomar como intermediario, testaferro y todo lo que raya en deshonestidad.

“Con esa particularidad, realmente se burlan del objeto de la ley, y eso nos preocupa muchísimo porque el avance que se había logrado, hoy se está truncando”, apuntó el dirigente campesino.

Una lectura que genera reserva es que, con las reglas actuales trazadas para el campo, el país está cerca de una debacle, teniendo en cuenta un contexto de mínima productividad, con lo cual habrá menos abastecimiento y con ese escenario, totalmente amenazada la seguridad alimentaria.

Añadió que en el debate adelantado sobre el costo de los insumos y sus impactos en la agricultura eficiente que comandó el Senador Jorge Londoño, fue rodado un video en el que los campesinos advertían la cercanía de una hambruna, posibilidad no lejana porque sin condiciones no habrá siembras y con ello desabastecimiento.

En su observación, desconectar el campo y entregárselo a proyectos urbanos, condominios y todo tipo de suntuosidad es un gran error, el ejecutivo no puede pensar que el agro y el campo de golf es lo mismo, no, el primero alimenta a la gente, la nutre y la mantiene viva, el segundo hace parte de las tierras perdidas en producción y que podría ser una perfecta tragedia.

Las importaciones, comentó, no son una solución, implican perder la soberanía alimentaria, conllevan a una malsana dependencia y fácilmente sería el inicio de un problema de gran tamaño porque el día que el mundo tenga hambre, nadie, absolutamente nadie va a sacar un grano de cereal de sus inventarios para enviarlo a Colombia porque a cada país le importa la seguridad alimentaria de sus gentes y no asumirán tragedias ajenas.

La ANUC aseveró que al parecer a Colombia se le olvida que los demás países tienen obligaciones alimentarias con su población, luego ni pagando oro, la gente venderá sus existencias que son finalmente su carta de subsistencia. Todo eso invita a pensar que con el tiempo las importaciones se verán restringidas, el tema es delicado, debe manejarse con guantes, sin dejar de costado la reacción integral, un asunto que debe ser muy claro.

Actualmente la colectividad agraria, está promoviendo el referendo campesino, buscando una serie de medidas que van desde la concepción constitucional y política, unos temas de mediano y largo plazo, de tal forma que se trata de un proceso el cual conduce a unas instancias tales como la recolección de firmas, avales del Congreso, de la Corte Constitucional y luego la votación del pueblo. De todas maneras, los campesinos estiman urgente adoptar decisiones que reactiven el sector agropecuario con las máximas garantías.

Por la postración agraria y la situación de ruina, estimó el dirigente, las medidas deben llegar con prontitud y por eso es urgente trabajar en resoluciones rápidas, pero sin perder de perspectiva las soluciones que llegarán con determinaciones de mediano y largo plazo. La Asociación considera que el campo requiere miradas objetivas y dijo que, si todo se hubiese hecho sobre la base de la consecuencia, el campo no estaría en la orilla del abismo, hoy en una situación más gravosa por efectos de la pandemia.

Los TLC deben ser revisados

Cuando el país habló de tratados de libre comercio, muchos en el campo pensaron que se trataba de una negociación útil toda vez que permitiría importar maquinaria agrícola, y unos bienes de capital de última tecnología para mejorar en competitividad y desde luego en productividad, lamentablemente los agricultores ignoraban que el negocio implicaba entregar sus sectores, a tal punto, que hoy se habla de renglones económicos que impajaritablemente desaparecerán, conllevando a más desempleo. Las importaciones, sostuvo, siguen siendo un riesgo porque nadie sabe de su trazabilidad e inocuidad.

La triste realidad de la ruralidad, afirmó el presidente de la ANUC, Luis Alejandro Jiménez Castellanos, Colombia cedió en todo, por lo que puede decirse que, en esos negocios desiguales e incoherentes con Estados Unidos y Europa, fue servida la economía campesina en bandejas de plata, en esos documentos se fueron los activos agrarios, el negocio y la soberanía alimentaria. “La pregunta que surge hoy es, y si hay hambruna y desabastecimiento, ¿quién responde?”

Dentro de los ocho puntos del referendo campesino que se está proponiendo, los labriegos invocan los derechos constitucionales para que las relaciones internacionales y económicas de Colombia propendan por la protección de la producción nacional lo que implica restringir tratados de libre comercio, evitarlos amén de la globalización y si se hacen, exigir unas condiciones que blinden la agricultura y todo la economía del sector primario, para poderle dar viabilidad a las importaciones que no pueden ser la muerte del campo, tendrían luz verde en casos extremadamente necesarios.

Las importaciones, enfatizó, no solamente afectan al sector agropecuario sino a otros sectores de la economía que siendo muy eficientes terminan en la banca rota por las compras excesivas e innecesarias. Un ejemplo, dijo, son las autopartes que, gozando de prestigio y calidad, fueron marchitándose por obra del libre comercio, dejando a muchos colombianos sin empresa y sin empleo.

“En el referendo pedimos de manera integral, impulsar el desarrollo y el crecimiento sobre la base de la productividad, pero defendiendo toda la economía nacional, hecha añicos por los TLC”, aseveró Jiménez Castellanos.

Colombia que sembró trigo y cebada en cantidades importantes para abastecer los molinos, hoy importa esos alimentos, pero igual afectación sufrió el maíz que tuvo competencia con el cosechado en Estados Unidos, dejando claro que el cereal estadounidense tiene subsidios y muchas ayudas que lo hacen un producto viciado comercialmente porque compite con todas las ventajas en detrimento de la agricultura local. Para la ANUC otros productos fueron saliendo del listado de siembras colombianas, hoy cultivadas como subsistencia, un deterioro que redundó en desmedro económico y social.

En su análisis, el directivo dijo que hay temor por el futuro de varios sectores, entre ellos los lácteos a los que se les avecina una competencia tan dura que podría sacar a muchas empresas de circulación. Subrayó que la producción nacional tiene que estar protegida y en permanente observación porque se verá seriamente amenazada con el asunto de la globalización.

Detallando aspectos del libre comercio, Jiménez manifestó que éste tiene visos de oportunista, inhumano y todo un mecanismo cargado de ambición y hasta mala fe porque hace parte del poder dominante en donde aquel que tiene toda la capacidad y el músculo financiero como también el tecnológico, impone las condiciones a países en vía de desarrollo lo que bien explica el por qué los escenarios en una negociación de TLC, siempre será en desventaja para Colombia, una nación que frente a los subsidios, compite de una manera desigual.

Los campesinos saben que hay potencial en el campo, apuestan por una verdadera reactivación de la economía rural, quieren con todo el compromiso y apego que les caracteriza, meter de lleno sus manos en la tierra para producir los alimentos que Colombia demanda y los que, ante una eventual emergencia de abastecimiento en el mundo, pueden llegar a necesitarse. Con su entrega y firmeza, los labriegos quieren demostrar que el campo es mucho más que comida y esfuerzo, para quién produce alimentos su actividad es felicidad, lealtad y vida.

Como diría el refrán campesino con origen en el padre Ángel Luis, “Siembra y cría, y tendrás alegría”.

*Tomado de: https://diariolaeconomia.com/notas-de-la-finca/item/5950-en-colombia-moriria-mas-gente-por-hambruna-que-de-covid-19-anuc.html

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