Inicio Economía Importaciones de comida en Colombia se van a mantener: Fenalce

Importaciones de comida en Colombia se van a mantener: Fenalce

65
0
Compartir

Foto/diariolaeconomia.com

Diario La Economía

El país sigue caminando por derroteros complicados porque el campesino sigue juicioso produciendo a pérdida. Hacen falta incentivos y política agraria.

Los agricultores colombianos expresaron su beneplácito por los indicadores de empleo que muestran a la ruralidad como la tabla de salvación, sin embargo lamentan que esa disciplina no redunde en beneficios, rentabilidad y sustitución de importaciones, las mismas que le quitaron opciones a la labor agropecuaria.

Según los productores, el sector agrícola que hizo su tarea empleando personas desde las siembras de café, maíz, frijol, cacao, arroz, papa, tubérculos, hortalizas, banano, aguacate, caña de azúcar, frutas, cítricos y otros como la ganadería, la cría de aves como también especies menores no encuentran compensación a la ardua tarea del campo que con tantos sectores productivos no deja de notar la importancia de un sector que sigue y seguirá viendo importar alimentos, un fenómeno que ratifica que los TLC se firmaron para ayudar campesinos o labriegos, pero de Estados Unidos y Europa.

Henry Vanegas Angarita

En plática con Diariolaeconomia.com, el Gerente General de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya, Fenalce, Henry Vanegas Angarita, aseguró que las proyecciones muestran unas importaciones de alimentos con tendencia a mantenerse en el nivel actual por mucho rato.

Explicó que si la industria crece al seis por ciento y demanda en promedio, solo con importaciones de maíz, 5,3 millones de toneladas, aclarando que el mercado del cereal es de siete millones de toneladas, hay un seis por ciento sobre esos siete millones de toneladas que equivalen a 420.000 toneladas las cuales para poder reemplazarlas pensando en siete toneladas por productor indica que harían falta unas 60.000 hectáreas, un tremendo lío porque a la fecha no se reportan crecimientos en área cultivable en el país, ni siquiera en zonas que fueron presentadas como promisorias como la Altillanura en donde el inventario en predios no asciende ni a 30.000 hectáreas, la misma tendencia de oferta de tierra en otras regiones.

Ni siquiera somos capaces de crecer para que las importaciones se mantengan estables y solamente atender el crecimiento del sector. Hay que decir que las tierras disponibles son ociosas porque a la fecha el país no siembra ni el cinco por ciento del área potencial que hay para sembrar en maíz según las cifras de la misma Unidad de Planificación Rural Agropecuaria, UPRA. Como quien dice el país tiene baldíos o predios de adorno, están totalmente desaprovechados e improductivos”, declaró el señor Vanegas Angarita.

Una realidad es que la reactivación económica debe arrancar en el campo porque hay tierras, gente y variedad de climas, es decir que no hay excusa para tener las tierras inactivas. El productor necesita semillas, insumos al alcance de sus posibilidades y no el lucro de quienes manejan el negocio a sus anchas y con algunas complicidades porque comprar agroinsumos se volvió casi imposible o un negocio muy parecido al gota a gota.

En opinión del Gerente General de Fenalce el gobierno siempre aprovecha el buen comportamiento del campo porque no hay quien lo refute, además porque son cifras que salen y no se pueden controlar. En temas estadísticos provenientes del estado, la última palabra siempre será del ejecutivo porque nadie corrobora que los números sean totalmente confiables y ajustados a la verdad.

Hoy paradójicamente hay más empleo rural, pero menos proyectos productivos, menos hectáreas en producción y muy pocos, por no decir que ninguno, megaproyectos en operación que generan ensanches y nuevas alternativas económicas y sociales.

Actualmente, el campo, como dicen muchos, la tiene de para arriba porque la gente que tiene el programa “Familias en Acción” y el Sisben, no se emplean para que no le quiten la gabela y caso opuesto hacen lo posible por embarazar a su mujer para que en lugar de recibir 180.000 pesos, le den 210.000 pesos, una suma con la que cubre gastos del hogar y dilapidando tiempo. A criterio del dirigente gremial el problema es grande y puede ser una bomba social porque de seguir creciendo la obligación por “Familias en Acción”, Colombia va camino a perecerse a Venezuela, todos dependiendo del estado.

“En este momento hay voces cuestionando la dependencia de la minería y por eso hicieron eco las palabras del expresidente Cesar Gaviria, cuando manifestó que el oro no le ha dejado a Colombia recursos ni desarrollo, por el contrario hay zonas de explotación agobiadas por la pobreza, la violencia, la inseguridad y todo un cúmulo de descomposición social. Hay muy serios problemas con cargo a la industria extractiva porque como en tiempos de la conquista y la colonia, el minero exógeno saca todo y nada deja. Ahora se persigue la minería ilegal, pero en el gobierno del Presidente Uribe pulularon los títulos mineros que finalmente no dejaron nada porque el país quedó parcelado y las grandes mineras se apropiaron del recurso mineral, una riqueza de los colombianos, es decir que mirando la historia de Colombia, las políticas regresaron a los tiempos de la mita y el resguardo, eso sí, permitiendo que el empresario extranjero se lleve los recursos, firmando el cheque de miseria y conflicto para los nacionales que siguen repitiendo capítulos que debieron quedar superados”, expuso el encomiable directivo.

En el instante más difícil de la pandemia, el campesino sembró alimentos y con valentía le llevó comida a las ciudades, muchas veces a pérdida y sin un doliente que defendiera un trabajo para enmarcar. Dentro del análisis de Fenalce hay un asunto que no puede omitirse y es el del hambre porque en la complejidad pandémica hubo cosechas que venían en camino y proceso de recolección que permitió acopiar cereales, pero el gran problema, aseveró, está por sentirse a finales de este año y empezando 2021.

En ese tiempo llegarán los impactos reales de la agricultura porque hubo labriegos que no pudieron sembrar, otros que no contaron con la suficiente mano de obra y los que vieron inconvenientes paralelos a la pandemia, eso sin decir que muchos decidieron esperar para las siembras porque cuando llegaron a la central mayorista les pagaban los alimentos a precios insultantes, como la carga de mazorca, dos bultos, que era pagada a 20.000 pesos y salía de Corabastos valiendo 120.000 pesos, un tema muy grave y que amerita urgente revisión. Eso inclusive hizo que muchos no pudieran trabajar porque no hubo plata y la que se recogió fue para pagar obligaciones y jornales.

De cara a una hambruna, en donde todos los países evitarán salir de sus acopios para garantizar su seguridad alimentaria, Colombia no puede esperar que en medio de una tragedia de esas, sus socios comerciales le abastezcan porque nadie con cinco dedos de frente va a sacrificar americanos o europeos para salvar colombianos doblegados por el hambre, eso no va a pasar y por ello es muy urgente retomar siembras y garantizar que los propios productores colombianos pondrán el pan en la mesa, de lo contrario a pensar en los Santos Oleos, porque el hambre cuando mata, no tiene piedad y no conoce estrato, actúa por igual sin mirar riquezas o credos.

No en vano varios países, más de 85, ya empezaron a hacer sus apuestas por el mercado interno porque no quieren sorpresas de última hora ni dependencias que a la postre terminarán con negativas o simplemente no contestando el teléfono. Fenalce recalcó que en Colombia hay que trazar de manera perentoria una hoja de ruta y dejar de lado el apagar incendios y enfocar los esfuerzos hoy para el mediano y largo plazo. Lo anterior, señaló, conlleva a proyectar planes de producción de comida y lo triste es que el país ni siquiera se preocupa por eso, expresando insensibilidad. Una muestra es que el número de muertos por Covid-19 pasó de 25.000 dejando a Colombia en el ranking con más víctimas y nadie dice nada, es como si las personas fallecidas fueran de otra latitud.

El maíz muestra buen comportamiento

Afortunadamente hay buen ánimo y la gente quiere invertir en maíz porque se ha dado cuenta que de cara a rentar el camino es la agricultura. Precisó que el país saca pecho porque tiene 14 millones de sacos de café, unos siete millones de cargas, lo cual es bueno, porque a millón pesos la suma da siete billones de pesos, pero en maíz igual los siete millones de toneladas a millón de pesos deja una suma de otros siete billones de pesos.

“Si queremos reactivar la economía y quitarle presión al café, del que estamos viviendo, la solución es muy simple porque hay que sembrar maíz, un producto que genera los mismos recursos cafeteros y que permite mirar el agro con mucho más optimismo”, puntualizó el Gerente General de Fenalce.

En ese orden de ideas si Colombia quiere puede duplicar las áreas cultivadas, todo bajo una estricta estrategia que le permita al agricultor llevar alimentos a precios justos, recuperar rentabilidad y ponerle sello de garantía a la seguridad alimentaria llegue el momento que llegue.

El gremio cerealista sabe que el asunto no es complicado si se trabaja en equipo, si hay políticas agrarias que muestren unas verdaderas condiciones, un tema que pasa por bienes públicos, infraestructura y la eliminación de la intermediación que por lo general es leonina.

Otro tema que llama la atención es el de la soya ya que el año anterior fueron importadas 2.1 millones de toneladas, un lamento en el campo y en un país como Colombia porque si esas importaciones se hubiesen sembrado en Colombia hoy el sector estaría hablando de tres billones de pesos más en agricultura porque la tonelada cuesta 1.5 millones de pesos. El panorama da para ponerse a llorar porque entre solo maíz y soya el país produce si lo dejan, diez billones de pesos, una cifra que viene acompañada de empleo, progreso y riqueza.

Hoy en día son mucho más importantes los granos básicos agroalimentarios porque mueven más cifras en el mercado que el café, y en Colombia a los productores y a muchos les enseñaron economía con café y sin café. Con el tiempo, comentó Vanegas, habrá que hablar de economía con granos básicos o sin estos.

Un país con vocación agrícola, añadió, no puede darse el lujo de quedar desabastecido en medio de una amenaza de hambruna solo por no sembrar unas tierras inactivas o simplemente por hacerle el favor a unos amigos importadores que supieron vender el discurso refutable y fracasado de reemplazar la agricultura con producto importado pasando por alto el derecho al trabajo y a la vida, sin decir que ello contribuyó notablemente en la destrucción de empleo, sumando el frenazo de gran impacto en la generación de riqueza.

El campo, reiteró, es muy promisorio, porque paralelo a una agricultura abundante en donde haya margen de recuperar materias primas, puede igual seguir prosperando el hato ganadero con buenos números en sus exportaciones y con tendencia al alza, pero igual hay futuro en el desarrollo de proyectos productivos con especies menores que igual empezaron a tener muy buen mercado por el déficit de proteína en el globo.

En línea con otros analistas y con la misma Organización de las Naciones Unidas para Agricultura y la Alimentación, FAO, no hay excusa para no invertir en el campo, no existe la mínima justificación para decir que el campo no es el futuro y precisamente el de Colombia es visto como una fuente de provisión importante para el planeta, luego sería una imperdonable equivocación dejar las salidas coherentes para conjurar un problema de hambruna, solo porque las importaciones tienen prelación, ese es un tema que no le cabe en la cabeza a nadie, o por lo menos a los que usan la razón.

Este año la cosecha de maíz estará por el orden de 1.8 millones de toneladas de las cuales el país exporta 5.3 millones, una muestra más que se puede recuperar parte del pastel que fue acaparando el importado. Hay que insistir en que Colombia debe producir sus alimentos y los colombianos deben apostarle al producto sembrado en sus tierras. Hay que subrayar, “colombiano compra colombiano”, sin duda lo de la tierra primero.

“Tenemos por cultura creer que lo importado es mejor y eso va para los textiles, las confecciones, el calzado y desde luego los alimentos. Hay que concientizar a nuestra población que aquí somos capaces y tenemos calidad, pero mucho son felices con marca extranjera así sea alterada, algo increíble”, concluyó el Gerente de Fenalce.

No hay pretexto, los subterfugios no caben y al campo y su loable labor hay que agradecerle con hechos, es urgente dotar las regiones de tecnología, no da espera un tratamiento especial para quienes produzcan alimentos y es debido a eso, por un merecido trato, que los labriegos demandan vías terciarias decentes, crédito barato y a la mano. Los agricultores no pueden seguir en las entidades financieras haciendo largas filas, casi que suplicando un empréstito y en el peor de los casos entregando sus tierras. La ruralidad merece respeto y comprensión, solo haciendo del campo una empresa, será posible ver predios registrados, productores generando más puestos de trabajo y exportando sus cosechas.

Con las tierras en full producción, con la gente ocupada y tranquila por su ingreso es apenas lógico ilusionarse con la recuperación de siembras en el olvido como el algodón, la soya, el sorgo, el ajonjolí, las frutas y muchos otros productos que estaban muy cerca de crecer a gran escala, lamentablemente el sueño se hizo añicos con el libre comercio. En esto igual el consumidor tiene gran responsabilidad porque si no exige producto nacional seguirá el lamentable reinado del importado parrandeándose la agricultura y el derecho a la dignidad. Todo es posible, pero es perentorio el concurso de todos, gobierno, empresas, productores y consumidores. No cabe duda, si no es colombiano, seguro ese producto no es bueno.

Los agricultores, en su gran mayoría de quedaron sin quien los represente, nadie pelea por ellos, sin embargo hay asociaciones y federaciones que aún tienen la mano puesta en el corazón y al campesino como la gran razón, esos dirigentes gremiales que ven en la ruralidad el más próspero devenir son paradójicamente los más alejados de una política aperturista y neoliberal que no tuvo la mínima pena por mandar a la quiebra a miles de productores, unas personas que alimentaron a Colombia por décadas y que recibieron como agradecimiento una salida poco decorosa del mercado.

Gracias a las importaciones masivas el país abandonó buena parte de la actividad agrícola y vendió las tierras para la edificación de condominios o vivienda familiar. El campesino, el de ruana, el que come carne cada mes, si hay plata, tuvo que ingresar a las zonas cocaleras porque de algo tenía que vivir. A ese buen ser humano y trabajador hay que recuperarlo y entregarle tierra, herramientas y semillas porque por fortuna en el campo hay cabida para todos y de los frutos de la madre tierra, sí que vamos a necesitar porque como narran los cronistas que visitaron África en escalofriantes momentos, no hay nada peor que morir de hambre. Muchos fallecieron, inclusive con mucha plata en sus cuentas. Así es la vida.

*Tomado de: https://diariolaeconomia.com/notas-de-la-finca/item/5672-importaciones-de-comida-en-colombia-se-van-a-mantener-fenalce.html

Compartir