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La colonización del cannabis en la tierra del café

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Foto/laopinion.com.co

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De una semilla con pocos centímetros hasta una planta que llega a alzarse en cinco metros. Hojas verdes de punta a punta y en ella una flor que nace después de seis meses de trabajo, en medio de muchos cuidados, para poder extraer perfectamente el aceite que emana, que en este caso no será utilizado por sus propiedades alucinógenas sino medicinales.

Muy temprano en la mañana, cuando el sol sale detrás de las montañas del Quindío hace relucir en medio del follaje un invernadero que sobresale entre cafetales y platanales. En su interior guarda cerca de 300 matas de cannabis (marihuana, como se le conoce normalmente) cultivadas en una finca de la vereda Corozal, a solo 10 minutos del casco urbano del municipio de Córdoba de este departamento.

Aunque solo dos países en el mundo (Uruguay, Canadá) y 10 estados de Estados Unidos han legalizado la marihuana con fines recreativos, hay 15, incluido Colombia, que permiten su uso para fines medicinales, lo que ha abierto la puerta a un negocio que podría ser bastante rentable.

Cambio de “chip”  

A sus 21 años, Yusdeily Isaza nunca había tenido contacto con la marihuana y por lo que había escuchado sobre ella, prefería no tenerlo. Sin embargo, hace ocho meses una convocatoria laboral la llevó a cambiar de opinión para usar sus conocimientos en administración de empresas agropecuarias, que hasta el momento había empleado en plantaciones frutales como la piña, para aplicarlos al cannabis.

“Yo trabajaba con piñas y pasar a cuidar estas plantas siempre tiene una gran diferencia. Lo que sí se mantiene es consentirlas y hablarles con cariño. No se puede comparar una fruta con una flor (de cannabis) pero las plagas y las enfermedades atacan todo tipo de cultivos y hay que estar monitoreando, y más en este proyecto que se inició hace unos meses”, dijo la joven, quien hace parte del equipo de trabajo de Plantas Medicinales de Colombia (Plantmedco), primera compañía que cuenta con licencia para cannabis medicinal.

En esta labor, las mujeres son buscadas por su tacto con las plantas. Su trabajo consiste en cortar las flores y manipularlas para luego procesar el aceite con niveles de CBD (constituyente medicinal) y mínimos porcentajes de THC (constituyente psicoactivo). Con estos componentes se producen cremas cosméticas, jabones y champús, así como medicamentos contra el insomnio, alzhéimer, y la epilepsia.

La empresa ha tenido el aval del gobernador de Quindío, el sacerdote Carlos Eduardo Osorio, algo que, en voz de Iván Darío Arias, presidente de la compañía, sorprende ya que el departamento siempre ha sido conservador en sus costumbres pero que resalta como muestra de una nueva apuesta económica para impulsar la región.

“En el mundo las personas están buscando nuevas alternativas diferentes para la medicina tradicional. Desafortunadamente hay muchas enfermedades que no han podido tener respuesta con los componentes químicos que se están utilizando para controlarlas y por eso es que ha entrado el cannabis a la industria, para potencializar este tipo de tratamientos. El Quindío tiene la mejor tierra de Colombia para su cultivo, está en el centro del país que nos permite tener unas vías de acceso muy fáciles y cuenta con una gran seguridad al no haber sido golpeada por grupos armados”, sostuvo el empresario.

Tal vez por el daño que han hecho los cultivos ilícitos en el país, la producción de cannabis, pese a estar permitida por la ley, está sometida a controles muy rigurosos para evitar que se destine a otros fines distintos a los medicinales.

El Gobierno Nacional estableció que las licencias para Cannabis con fines medicinales en Colombia deben ser aprobadas no solo por el Ministerio de Salud sino por el de Justicia. Pese a la complejidad para obtener estos permisos, el negocio está en expansión y los despachos oficiales están llenos de solicitudes para permitir nuevas plantaciones.

“El proceso es complejo. Las reglas que han impartido el Ministerio de Justicia y Salud han sido fuertes de tal manera que permite filtrar que personas indeseables se metan en este tipo de negocio. A nosotros nos tomó más o menos un año todo el proceso e inicialmente sacamos la licencia de producción de semillas, después vino la licencia de producción de Cannabis no psicoactivo. Posteriormente, el Ministerio de Salud no dio la licencia de producción de derivados y exportación y con ella obtuvimos la licencia para Cannabis psicoactivo. Ya con esto solo queda sacar certificaciones por parte del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), del Fondo Nacional de Estupefacientes y la adaptación de los cupos”, detalló Arias.

Y tramitar las licencias no basta. También toca enfrentar la mirada negativa que existe entre muchas personas frente a la marihuana, e incluso las burlas que puede provocar contar que se trabaja en este negocio. Así fue el caso de Yusdeily, quien cuando le contó a sus conocidos que iba a trabajar para una compañía de cannabis medicinal provocó reacciones de temor, primero, y chistes después.

“Cuando le dije a mi familia lo primero que me preguntaron fue que si todo era legal porque no querían verme involucrada con la justicia y yo entré a aclararles que todo estaba bajo la ley. En estos ocho meses que llevó trabajando con el cannabis he cambiado mucho mi pensar y busco también enseñarle a los que conozco que esta planta no es mala, malo es el uso que nosotros le damos”, cuenta la joven.

Este año Planmedco, según proyecciones de Arias, espera llegar a tener siete hectáreas sembradas con cannabis medicinal y en 2020 unas 20 hectáreas y luego 400 o 500 en seis años. “Nos vamos a arraigar solo en el Quindío. Nosotros queremos quitarle la mala imagen que ha tenido el cannabis en el mundo y que Colombia ha sido estigmatizada como narcotraficante. Le apostamos al cannabis medicinal y no al recreativo”, afirmó Arias, quien además asegura que en unos años esperan llegar a tener unos 2.000 empleados entre directos e indirectos.

Actualmente, en el país se tramitan unas 700 licencias para empresas productoras de cannabis medicinal. Al menos 36 empresas ya cuentan con licencias (entre ellas Plantmedco), y de estas entre 8 y 12 ya están en funcionamiento, de acuerdo a los datos del presidente de Plantas Medicinales de Colombia.

Del café al cannabis

El negocio del cannabis medicinal, algo que hace unas décadas era considerado como tabú en Colombia, ahora pasó a ser una gran oportunidad de negocio en varias regiones del país. Pese a todo tipo de contratiempos, ahora parece más una oportunidad que ya arrancó y toma forma en el país.

Superando el estigma de la marihuana y aprobado su uso medicinal, para Plantmedco y otras multinacionales e inversionistas extranjeros principalmente de Canadá, está claro que Colombia puede ser la despensa de cannabis medicinal del mundo. Un cultivo puede dar entre tres y cuatro cosechas al año tomando como ejemplo que una hectárea produce 10.000 plantas y cada una de ellas un litro de aceite.

“La primera exportación será en septiembre de este año. Habrá mucha demanda, pero no hasta el punto de la sobrexplotación. Un gramo de cannabis en el mercado europeo está entre 3 y 8 dólares y una hectárea puede llegar a dejar entre 2 a tres millones de dólares anuales”, explicó Arias.

Es por esto que en el Quindío esta producción ha sido vista como una oportunidad para complementar la producción de café que en los últimos tiempos ha venido en decadencia debido a los precios internacionales. En este departamento, tradicionalmente cafetero, había en 1992 69.500 hectáreas de café y hoy solo hay cerca de 23.000.  

“En este tiempo se han perdido tres cuartas partes de lo que se tenía en el departamento en materia de café y esto no ha sido reemplazado por otro cultivo aparte de algunos acercamientos con el plátano, pero realmente no hay reemplazo y por eso es tan importante la incursión del cultivo de cannabis medicinal”, manifestó Alberto Montoya, gerente de Plantmedco.

El empresario agregó que el cannabis no acabara con el café, sino que al contrario buscan potencializar los dos productos e incluso se está investigando la posibilidad de hacer combinaciones entre los dos.

Según el agrónomo de Plantmedco Santiago de los Ríos, aunque el cultivo del cannabis es más rentable, el café es más fácil de producir.  

“Una planta de café dura alrededor de 20 años produciendo, dando una cosecha fuerte y otra traviesa al año.  El cannabis dura cuatro meses y hay que estar muy pendiente de todas las labores que se usan en el cultivo. El manejo es muy diferente”, manifestó el agrónomo.

El cannabis no es un cultivo extensivo, sino ornamental y se necesita más mano de obra por unidad de área, al menos 12 personas por hectárea. “Súmele a esto que se debe tener en cuenta que la seguridad del cultivo, para estar dentro de la norma, requiere un sistema de seguridad extremo. Cada planta debe estar bajo inventario y tener un código de barras, incluso las semillas”, agregó.

La tierra seduce

Aunque varias empresas, mayoritariamente canadienses, han llegado al país para producir aceite que sea exportado como materia prima, el medicamento en Colombia aún está lejos de llegar a las manos de los pacientes, más que por un tema de registro, por falta de conocimiento en el área de la medicina.

Pese a ello, es probable que estemos ante una nueva bonanza de la marihuana, pero esta vez autorizada por la ley.

*Tomado de: https://www.laopinion.com.co/colombia/la-colonizacion-del-cannabis-en-la-tierra-del-cafe-173902#OP

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