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La agricultura solo es posible con el modelo cooperativo: Asohofrucol

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Foto/diariodelhuila.com

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El sector de las frutas y las hortalizas aseveró que la única oportunidad que tiene el campo colombiano para seguir vigente con altos conceptos de productividad y competitividad está en el cooperativismo porque solamente uniendo fuerzas y generando mecanismos acordes con el esfuerzo de los productores es viable seguir en una actividad infinitamente determinante ya que se trata de seguridad alimentaria, equidad, paz y sostenibilidad de indicadores económicos y sociales.

La Asociación Nacional Hortifruticola de Colombia, Asohofrucol, indicó que si bien el año 2019 logró un cierre para el sector del diez por ciento en crecimiento de áreas sembradas, lo cierto es que el agro experimenta serios contratiempos que van desde lo económico hasta lo técnico y legal. Actualmente dijo hay productores que no tienen como certificar sus predios y dijo que persiste la dificultad en el crédito porque los bancos, como es apenas entendible, tan solo les prestan plata a quienes pueden pagar o tienen respaldo.

Dificultades y alternativas

El gremio fue claro en exponer las dificultades, pero igual en plantear salidas y así propender por el verdadero salvavidas del campo que no es otro que el de todo un país que está viendo cómo se embolata el devenir en provisiones y todo lo que tiene que ver con seguridad alimentaria. Esta Asociación sigue recalcando que hay inconvenientes con la tenencia de la tierra los cuales siendo de diferente índole se van afianzando como una barrera para el verdadero desarrollo de la ruralidad, tema al que se une la extrema pobreza campesina en vista que para nadie es un secreto que las necesidades básicas insatisfechas en el sembradío son mucho más altas que en la ciudad.

Los productores agrícolas dedicados a producir frutas y hortalizas insisten en que hoy las condiciones del campo no son las más adecuadas para que este crezca en su economía porque finalmente el agro es un sector de pequeños agricultores, algunos medianos y unos muy contados grandes productores.

El año que recién expiró dejó buenas cifras, pero igual muchas preocupaciones y alertas encendidas porque hay vocación, empuje y compromiso en los agricultores, pero paralelo a ello muy pocos recursos y contadas soluciones para un renglón que demanda crecimiento y una mayor oferta de alimentos para el país y para el mundo. En 2019 el saldo fue positivo en siembras de limón, aguacate y pasifloras, pero hay unas oportunidades que siguen creciendo y que piden a gritos políticas productivas que coadyuven con más y mejores productos en los hogares colombianos.

En diálogo con Diariolaeconomia.com, el Gerente General de Asohofrucol, Álvaro Ernesto Palacio Peláez, afirmó que al igual que las grandes potencias y los paradigmas de desarrollo económico, Colombia debe apostarle a una agricultura hecha sobre pilares asociativos en donde el cooperativismo brinde unas herramientas de equidad y liquidez totalmente útiles para tener un agro-negocio sólido y con musculatura de cara a enfrentar los retos que trae consigo la globalización.

Cooperativismo

Al hacer un análisis sobre el derrotero del campo, el directivo manifestó que se hace perentorio apostarle a unas cooperativas campesinas totalmente dinámicas, empresariales y prósperas razón por la cual el sector le presentó al gobierno en cabeza del ministerio de Agricultura la estructuración de la cooperativa más grande de Colombia, pero lamentó que una serie de obstáculos se fueron presentando y que no fueron de conocimiento del Presidente de la República, de quien espera tome cartas en el asunto porque el país urge de cambiar el modelo productivo y hacer del campo un trabajo solidario en donde se tracen nuevos mecanismos porque de no hacerse dijo, difícilmente el agro va a despegar porque demanda herramientas, inclusión y valor agregado sobre pilares de ingreso, rentabilidad y economía.

“Nosotros los pequeños y medianos productores estamos a merced de terceras personas, de comercializadores que tienen que ganar entre el 30 y el 50 por ciento para poder enriquecerse con cargo al sector primario productivo motivo por el cual si logran estructurarse grandes cooperativas y considerables negocios como el presentado a la Vicepresidenta de la República Martha Lucía Ramírez, al ministro de Agricultura Andrés Valencia Pinzón y a otras personas, será posible sacar el campo de la pobreza, pero cambiando el modelo que colapsó por uno de sana asociatividad y apoyo a los pequeños y medianos productores porque como viene dándose seguirá decayendo porque no reportó resultados positivos y nunca los va a tener”, declaró el señor Palacio Páez.

Recalcó que el campo tiene salidas y expuso que una de ellas es apelar a la producción cooperativa y a un crédito barato para los agricultores, a esos que hay que sacar del sistema financiero tradicional así como del inhumano gota a gota porque producen alimentos, salud y vida. Desde su óptica, con una tasa de interés comercial es una utopía pensar en desarrollar el campo porque el agro se mueve con fomento y explorando negocios así como oportunidades a los pequeños, medianos y grandes agricultores a través del cooperativismo, dejando de lado a quienes desde la intermediación se apropian de las ganancias de los que tan duramente trabajan.

Cuestionó que ahora lo más fácil es montar una procesadora o una comercializadora a expensas del sistema productivo lo cual no tiene asidero porque el negocio debe ser para los productores como ocurre en España tal y como se observa en Murcia, la gran despensa hortofrutícola, en donde las cooperativas mueven el negocio haciendo que a todos los que siembras les vaya bien porque las utilidades de esas transacciones quedan en manos de los que siembran y recolectan las cosechas, totalmente opuesto a la experiencia colombiana en donde las utilidades de los productores más pobres van al bolsillo de la leonina tercerización.

Actualmente hay un dilema con las cifras de área sembrada en Colombia con frutas y hortalizas y por ello hay dos alguarismos que tiene al sector en tremenda encrucijada porque mientras el ministerio de Agricultura y Asohofrucol contabilizan alrededor de 1´071.000 hectáreas, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, da cuenta de más de 2.3 millones de hectáreas cultivadas porque ingresa unos predios de economía familiar o de una agricultura de subsistencia más no de economía de escala. El tema suscitó un rifirrafe complejo porque el órgano de control sencillamente le cree al DANE en tanto que los productores se aferran a la fuente que genera este tipo de economía.

El asunto, comentó el dirigente, es tener en cuenta la agricultura que genera riqueza, pero no sumar áreas pequeñas de otro tipo se siembras que no forjan puestos de trabajo, renta o negocio, sencillamente alimentos para la población campesina, indígena o afrodescendiente.

“Colombia no tiene 2,3 millones de hectáreas sembradas con frutas y hortalizas para la generación de riqueza, el país tan solo cuenta con un millón de hectáreas destinadas a ese propósito, la otra cifra está desbordada, es inmanejable y no es cierta”, apuntó el Gerente General de Asohofrucol.

El millón de hectáreas cultivadas permitió la producción de 10,8 millones de toneladas de frutas y hortalizas aproximadamente. Mostró buen comportamiento el aguacate has, lima ácida Tahití y los cítricos en general.

Aguacate hass puede convertirse en un tremendo problema

Dentro del rubro de frutas que impulsan la economía agraria está el aguacate hass el cual resultó toda una bendición para muchos agricultores que le apostaron con fe de carbonero al apetecido producto, sin embargo hay una preocupación nada mínima porque el cultivo de esta fruta crece en miles de pequeños productores diseminados en todo el corredor andino, es decir en las tres cordilleras que ven cómo se van llenando de estos árboles los predios habilitados para esta explotación agrícola. El asunto afana porque hay predios con 200, 300 y hasta 1.000 árboles sin asistencia técnica especializada porque lastimosamente con los fondos del sector es imposible atender a toda esa población aguacatera.

Así las cosas y a juicio de las cifras y estudios que muestra Asohofrucol, el sector aguacaticultor está creciendo de manera desordenada e incoherente tal y como le pasa al limón Tahití que está siendo sembrado en grandes cantidades por la fuerte demanda hacia el exterior, lo cual es bueno, pero alarmante porque no logran estructurarse políticas desde el ministerio de Agricultura para poder fomentar una planificación de cara al futuro con el agravante que desde el gremio no hay ni la plata ni las herramientas y menos el poder ejecutivo para contar con una adecuada planeación a largo plazo que es lo que tiene que hacer Colombia para estar tranquila con su producción agrícola.

Según las proyecciones de Asohofrucol, en dos años el país va a colapsar con el aguacate hass porque los productores no tienen ni las certificaciones ni la asistencia técnica necesaria para poder sacar un producto que sea admisible en los países que ya compran aguacate colombiano porque cierto es que hay un mercado inmenso para esa fruta gracias a los mercados que el gobierno abrió con China, Japón y otros países, pero reconoció que el productor colombiano adolece de una cultura sanitaria en donde se impongan los controles para evitar las plagas cuarentenarias y así entrar a esos mercados con toda la calma posible.

“Con miles y miles de productores sembrando aguacate hass por pura y física necesidad, el subsector puede ir a pique porque la gente en el país es muy trabajadora y de algo tiene que vivir, sin embargo no cuenta con los conocimientos y las herramientas para hacer de sus cultivos, un producto confiable. Tristemente ese tipo de agricultor cae en manos de algunos que venden agroinsumos en Colombia que les entregan lo que no sirve y lo que no es permitido por la Unión Europea”, señaló el Gerente General de Asohofrucol, Álvaro Ernesto Palacio Peláez.

A propósito de ese tema de las restricciones para las siembras, Asohofrucol indicó que hay muchos productos químicos que la Unión Europea prohibió y a lo cual Colombia hizo caso omiso toda vez que se siguen vendiendo este tipo de herbicidas y plaguicidas para productos de pancoger y de consumo local. Lo reprochable es que lo que a Europa no les sirve, se lo envían a Colombia para que los agricultores usen los químicos y se contaminen con unas materias primas que impactan seriamente en la salud humana.

El cambio climático, ninguna perita en dulce

Como si no hubiesen suficientes problemas, el cambio climático se consolida como el enemigo a vencer y más en este 2020 que pinta como un año seco y bastante comprometedor. El tema, escribió Palacio Peláez, es preocupante porque los tiempos pasaron de un extremo a otro y radicalmente.

Dijo que históricamente hay épocas difíciles por el sol intenso como enero, febrero y marzo, pero dijo que más allá de los ciclos alterados de clima, el gran dolor de cabeza de los productores es que adelantan su labor en medio de una agricultura desprotegida porque no cuentan con sistemas de riego como el intrapredial, mangueras, reservorios o las opciones de dispersión de agua en ningún tipo de siembra. A juicio del experto, Colombia tiene hoy la agricultura de hace cuatro o cinco siglos que consiste en sembrar por sembrar y en acudir a la lotería del clima es decir que si llueve todo sale bien, pero si hay sequía todo sale mal porque se desarrollan además plagas que acaban con todo tipo de cultivos.

La situación es compleja, pero hay voluntad y empuje en un sector del cual dependen directamente cerca de 600.000 familias que igual no están censadas porque si bien se hizo un censo, no se especificó cuantas siembran frutas y cuantas hortalizas que dicho sea de paso se cultivan en metros cuadrados.

Titulación de predios en vilo por trámites

El tema de la titulación también es un despelote porque en esos miles de pequeños productores hay problemas con la tenencia de la tierra que no registran o actualizan sus títulos por tratarse de trámites judiciales que demandan tiempo y plata de personas que viven en regiones apartadas y sin recursos económicos. Algunos que dan el primer paso contratan un abogado que inicia un proceso que dura dos o tres años o que sencillamente nunca termina como lo saben todos.

“Para poder tener la prescripción adquisitiva de dominio de un predio rural el asunto implica toda una historia que aparte de mucho tiempo pide demasiada plata y si una persona está bien lejos, sin carretera, sin dinero, sin seguridad social y sin asistencia técnica, como carajo van a poder hacer todos esos trámites en la ciudad que es costosa para una tarea nada fácil que en Colombia puede ser algo más compleja”, afirmó Palacio.

Especificó que para no ir tan lejos en regiones como Tolima, Antioquia, Cundinamarca o a sitios en donde hay actividad agropecuaria, hay poblados que para llevar sus productos tardan cinco, seis o siete horas, asunto que hace pensar que existen sitios en donde el centro no está cerca y las vías implican estar muchas más horas en carretera o trocha, un escenario difícil para vender productos y mucho más retador para hacer trámites porque existe la posibilidad que le digan al campesino que debe ir al otro día y éste opta por no volver.

Todos esos problemas podrán quedar conjurados si el gobierno le diera visto bueno a la propuesta de Asohofrucol que es de tal contundencia que su Gerente General no duda en que si el Presidente Iván Duque lo conociera le diría que sí y lo rubricaría inmediatamente porque el Primer Mandatario conoce del tema. Ante la negativa en primera instancia el sector no aceptó derrotas y anunció que seguirá en la lucha para promover el cambio en la ruralidad colombiana, un logro que no duda, va a lograr porque es bueno pese a que algunos batallen con el sentido común.

Finalmente puntualizó que las importaciones de alimentos le fueron ungiendo los Santos Oleos a la agricultura que de apoco expira pues el ajo en su totalidad viene de China y de Holanda como pasa con otros alimentos, verbigracia el trigo, la cebada, papa, maíz, cebolla, soya, plátano y otros de una larga lista. El problema explicó Palacio Peláez, es la consecuencia de no haber cambiado el modelo productivo en Colombia que ve como las grandes cooperativas le venden al país enormes cantidades de alimentos.

Dejó claro que Colombia podía inclusive sembrar soya acudiendo a la Unidad Mínima Rentable que es de lo que debe hablar Colombia apartándose de la UAP que es una figura de los años noventa y que hoy está mandada a recoger porque en la agricultura se impusieron las unidades agrícolas mínimas rentables colectivas. Explicó a manera de ejemplo que para el maíz o el arroz una unidad mínima rentable colectiva no puede ser inferior a 5.000 hectáreas, asunto que obliga a buscar un grueso número de productores para poder cumplir con la meta y a través de la cooperativa sembrar la misma semilla, aplicar la misma asistencia técnica, contar con la misma maquinaria y conformar un solo mercado para abastecer a toda la avicultura y la porcicultura de Colombia porque el negocio del arroz, del maíz y de la soya lo tienen las grandes empresas que compran el cereal para secarlo, empacarlo y venderlo de lo cual les queda entre el 30 y el 50 por ciento de las utilidades de ese negocio cuando este porcentaje debería quedar en manos de los productores a través de la cooperativa con grandes bodegas de almacenamiento que fue lo que quiso hacer el Instituto de Mercado Agropecuario, IDEMA, el cual tuvo un entierro de quinta cuando tendría que ser el gran protagonista, un mecanismo para el agro que acertadamente puso a funcionar el General, Gustavo Rojas Pinilla e su mandato.

Acabar con el IDEMA, dijo Palacio, fue lo peor que Colombia pudo hacer, pero indicó que eso pasó porque un grupo de negociantes necesitaba quedarse con la rentabilidad del campo y por ello acabaron con una entidad que de verdad le era lucrativa al productor primario que absorbió cosechas y que hoy demuestra, luego de su desaparición que actualmente Colombia no tiene por qué estar importando maíz o soya para la avicultura o la porcicultura porque ya hay un modelo que inclusive conoció la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, documento que habla entre otras cosas de los cítricos en Colombia para poder crecer en naranja y en limones, todo gracias a una gran cooperativa para siete departamentos con recursos españoles y sin costo para el gobierno.

El proyecto, concluyó, debe salir adelante porque se trata de cambiar un modelo empobrecedor y abusivo por uno ganador y justo que tan solo busca entregarle al productor del campo lo que por décadas le arrebataron, la rentabilidad y la dignidad.

Sobre el inconveniente con el crédito, el dirigente gremial anotó que si bien el Banco Agrario de Colombia ha puesto unas cifras interesantes para el sector agropecuario del país, lo único cierto es que este no es suficiente porque la población cada vez es más grande y requiere más crédito el cual debe llegar acompañado de asistencia técnica, conocimiento y unas condiciones que generen grandes planes de negocio a largo plazo para el campo nacional.

Dijo que el gobierno tiene que planificar el campo a diez años en donde la economía gire en torno a los pequeños, medianos y grandes productores, pero en donde el negocio sea de ellos y no de terceros porque esa tercerización es la que ha empobrecido al campo colombiano y no le ha permitido un desarrollo consecuente entre otras cosas porque no se han diseñado las estrategias para estructurar grandes cooperativas regionales, para poder generar riqueza y empleo en la ruralidad colombiana.

*Tomado de: https://www.diariodelhuila.com/la-agricultura-solo-es-posible-con-el-modelo-cooperativo-asohofrucol

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