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Congreso de Aapresid. El mundo quiere saber de dónde vienen los alimentos

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Foto/AP Photo/Jon Dimi

Clarín

¿Son menos seguros los organismos genéticamente modificados (OGM) que los no modificados? ¿La utilización de agroquímicos es dañina para el ambiente y la salud humana? Estas preguntas están en el centro del debate a nivel global, pero lo cierto es que a los efectos del mercado, poco importan las respuestas. Lo que manda es la percepción de los consumidores y ellos hoy, con la Unión Europea como punta de lanza, están imponiendo un nuevo nivel de exigencias en los parámetros de inocuidad y sustentabilidad.

Desde el campo, muchos miran con desdén esta tendencia que ya está muy instalada en las clases privilegiadas, lo ven como una cuestión de nicho, pero según afirman quienes mejor conocen las dinámicas del mercado, el resto del mundo no tardará en imitar ese comportamiento y quien no se adapte al nuevo escenario quedará fuera de juego.

“En los 80, los alemanes consumían 100 kilos de carne anuales por habitante y buscaban el mejor precio, pero desde entonces los consumidores empezaron a exigir otra cosa: que sea saludable y de bajo impacto ambiental”, explicó Birgit Main-Steir, de la Asociación Alemana de Alimentación Animal, durante un panel dedicado a la demanda internacional de alimentos en el Congreso de Aapresid.

La producción de soja deberá adaptarse a las demandas globales de inocuidad.
Foto: JUAN JOSE GARCIA

La producción de soja deberá adaptarse a las demandas globales de inocuidad. Foto: JUAN JOSE GARCIA

Según indicó, a los empresarios nucleados en esa asociación no les quedó otra que adaptarse a las demandas del mercado. En la actualidad, el 60 por ciento del alimento para tambos comercializado en Alemania está hecho con componentes no OGM. En el caso de la alimentación aviar el porcentaje llega al 80, y en los cerdos al 95. “Esta tendencia fue impulsada desde el lado del consumo y no sigue una lógica respecto a la sustentabilidad o no de los OGM”, remarcó la alemana.

Por su parte Jorge de Saja, de la Asociación Española de Alimentación Animal, explicó que la industria española de alimento para animales es más dependiente que Alemania de la proteína de soja ya que no tiene muchas otras fuentes de proteína vegetal. “Siempre seguiremos necesitando la soja, y además somos más pragmáticos y nos da igual si es OGM o no. No lo percibimos como un tema de seguridad alimentaria sino como un tema comercial que el consumidor no está dispuesto a pagar”, aseguró.

 Alemania y España dominan el mercado europeo de alimento para animales, y como tales, son grandes importadores de soja, uno de los insumos. Ahora, según explicó de Saja, no les quedará otra opción a alemanes y españoles que adaptarse a nuevas normas. “En la integración europea, una de las áreas en que los estados ya no tenemos la capacidad de decidir por nosotros mismos es la producción de alimentos. El parlamento actual es muy diverso y cuenta con muchos parlamentarios que tienen una agenda medioambiental muy grande, y van a tocar a la producción de alimentos. Las grandes reglas se van a establecer en Bruselas, va a haber un paquete de normas que habrá que acatar, y aun no sabemos qué es lo que se nos va a exigir, cuán exigente será”, advirtió.

Entre los grandes desafíos que se presentan, según el español, está la búsqueda de una metodología común para el cálculo de emisiones de carbono y de huella hídrica. ¿Se mide la producción y la transformación? ¿Se mide el transporte? “Como sector, la idea que estamos barajando es elaborar nosotros una metodología desde los campos de proveedores. Seamos nosotros, la cadena de valor, quienes presentamos la metodología. Argentina es nuestra partner más importante y queremos que pueda vender sus productos. Como transformadores industriales estamos dispuestos a financiar todo el proceso, pero es necesario que nos adelantemos y que lo hagamos desde ambos lados geográficos”, afirmó.

Con él coincidió Gustavo Idígoras, ex agregado agrícola en la Unión Europea y actual presidente de la Cámara de Aceiteros de la Argentina (Ciara), quien remarcó: “Los requisitos de sustentabilidad se transforman en una condición de producción y comercialización”.

Idígoras explicó que si bien en los últimos años las exportaciones argentinas se distribuyeron en muchos mercados alejados de Europa, ese continente sigue siendo el que genera tendencias regulatorias a nivel mundial, por lo que hay que seguir de cerca la evolución de sus normativas impuestas más allá del interés directo por venderle productos. “En poroto de soja, China no tiene muchos requisitos pero ya está mirando la política europea para empezar a imitarla. Los países compradores van a copiar los requisitos de la UE, ya no serán nichos sino condiciones básicas del mercado. La política que se viene es un desafío para progresar, no en el largo plazo sino ahora”, aseguró el directivo de Ciara. Luego enumeró algunas de las iniciativas que existen a nivel local para medir y certificar el impacto de la producción, para “descarbonizar la economía”, pero advirtió que es necesario unificar esos proyectos. “Hay algunas iniciativas pero no tenemos un sistema integral para certificar la harina de soja. Los costos que debería asumir la cadena de valor serían altos y no habría premio. Necesitamos integrarnos para generar un proyecto único, un programa nacional de carbono neutro”, afirmó.

*Tomado de: https://www.clarin.com/rural/mundo-quiere-saber-vienen-alimentos_0_mRvrp4mVv.html

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