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Latinoamérica: el patio trasero de China

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Las diferencias comerciales entre China y EE. UU. tienen en estado de alerta al sistema multilateral de comercio e inversión. Un instrumento que los promotores del bilateralismo consideraban obsoleto como herramienta de protección de los mercados y recolección fiscal, el arancel, se ha convertido nuevamente en el mecanismo de negociación por parte del gobierno de Trump para equilibrar el comercio y presionar mayor protección y seguridad jurídica a sus inversiones en el exterior, a los derechos de autor y las patentes, es decir, al capital conocimiento.

Lo fundamental parecería ser regresar a la defensa de los mercados internos para promover el empleo y la producción nacional, priorizando a los empresarios e inversionistas nacionales, aunque (según la teoría dominante) se afecten los derechos de los consumidores en su conjunto. Lo desconcertante no son las decisiones de EE. UU., sino la respuesta de los países desarrollados aumentando en retaliación los aranceles a los productos exportados por ese país, cuando los reales intereses tienen que ver con sus inversiones y la propiedad intelectual en los mercados de terceros países. La verdad, el día en que se afecten esos intereses estaríamos realmente de regreso al pasado en la globalización.

Con respecto a Latinoamérica, la situación es más o menos compleja, según haya sido su política comercial. México, Centroamérica, Perú, Chile y Colombia negociaron tratados comerciales y de inversión con EE. UU. y otros países y regiones desarrollados. Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), así como Bolivia, Ecuador y Venezuela nunca lo hicieron. Para EE. UU. violar los límites arancelarios con los que liberalizaron el comercio, poco importa ante la debilidad de estos para aplicar cualquier tipo de medida de defensa comercial (ejemplo, en Colombia la pérdida de mercados en acero por el incremento del arancel), donde parecería que no vale la pena para el gobierno adelantar acciones en el marco de la normativa internacional para hacer respetar nuestros derechos.

Mercosur y los países que son sus socios mantienen un arancel externo común y seguramente lo llevarán hasta los niveles que han consolidado en la OMC, como les es permitido, profundizando obligadamente en sus prácticas proteccionistas. Latinoamérica está partida en dos, con políticas comerciales dicotómicas y, por lo tanto, con escasas posibilidades de profundizar su integración económica y comercial. En esencia, el conflicto comercial no resuelto entre China y EE. UU. dejara desconfianza con relación al respeto de los acuerdos de algunos países latinoamericanos con EE. UU. y con en el desarrollo de posibles nuevas negociaciones bilaterales con el resto. Mientras tanto, China, con acuerdos o no, aumenta sus exportaciones en cada uno de nuestros mercados, la inversión en sectores de bienes y servicios, los préstamos internacionales y su penetración diplomática.

Latinoamérica está cada vez más cerca de China, más lejos de EE. UU. y de Dios. Pero, como Colombia no debemos preocuparnos, estamos en la ‘Patria Boba’, ni siquiera nos estamos dando cuenta de lo que está pasando en el mundo. Parecería que lo único importante es recuperar nuestro cercano pasado de violencia y guerra.

*Tomado de: https://www.portafolio.co/opinion/german-umana-mendoza/latinoamerica-el-patio-trasero-de-china-529366

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